Torture in Cuba
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La enfermedad política de Castro
Publicado el 16 de August, 2006 en Internacional

El periódico oficialista cubano “Granma” publicó recientemente la
portada de uno de sus suplementos con el título: “Absuelto por la
historia”. Resulta inverosímil pensar que la historia absuelva con
benevolencia a alguien que durante más de cuatro décadas lo único que
hizo fue condenar al pueblo cubano en la más flagrante esclavitud y
restricción de sus libertades. En todo caso convendría que la frase sea
cambiada: “Absuelto por la dictadura, pero condenado por la democracia”.
No pretendo centrarme en los pormenores de la enfermedad que días atrás
captó la atención de la prensa mundial y que generó una inevitable
incertidumbre sobre la situación política de la isla. Por el contrario,
resalto con indignación la prolongación no de los padecimientos físicos
de Castro, sino de su temible enfermedad ideológica: la de pensar que es
posible usar la libertad de los demás a nuestro antojo para satisfacer
nuestros intereses políticos y personales.

Lamentablemente esta enfermedad ideológica no es propia sólo del
dictador cubano, sino también de quienes suelen usurpar el poder con el
único fin de manejar al pueblo a su antojo. No olvidemos que también
Fujimori, Franco, Pinochet, Milosevic, entre otros –aunque con ciertos
matices- violaron las libertades más elementales que todo ser humano
tiene para poder vivir con dignidad y en vez de cumplir con el deber de
defenderla, fracasaron en el cumplimiento del derecho que toda persona
tiene: su vida.

Citando las frases del expresidente peruano Alejandro Toledo: “La
democracia suele ser dura con el gobernante, pero la dictadura suele ser
muy cruel con el pueblo”. Será la historia la que se encargue de juzgar
la dictadura castrista, pero el pueblo cubano nunca olvidará esos años
en los que en vez de mejorar como personas, lo único que lograron fue
alimentar sentimientos de rencor, impotencia, impaciencia y desesperanza.

Ojalá la oposición democrática que yace dentro y fuera de Cuba aproveche
el legítimo derecho que tiene para que este mal político termine mas
pronto que tarde. Reza el dicho que “no hay mal que dure cien años ni
cuerpo que lo resista”. Ojalá que en un tiempo no tan lejano podamos ver
con alegría el resplandor democrático en esa isla que ya es momento que
despierte de esa pesadilla ideológica y despótica a la que
inconscientemente ha sido sometida.

Nada más nefasto como aquella actitud de tener que soportar por décadas
la imposición de ideas políticas contrarias a la de nuestras
convicciones democráticas. Es verdad que después de tanta manipulación
de parte de la dictadura castrista exista una suerte de adormecimiento
del espíritu crítico, pero nada más valiente para un ciudadano sensato
que la de defender con todas sus fuerzas la democracia que le restituye
sus derechos como persona.

Existen muchas especulaciones que llevan a pensar que con la cercana
muerte de Castro se derrumbará todo ese castillo utópico que
pretendieron construir con una postura comunista que hace años ya perdió
vigencia. Tendrán que pasar muchos años para que la revolución cubana
encabezada por Fidel –o continuada eventualmente por su hermano Raúl-
llegue a morir del todo. Lo ideal es que esa revolución llegue de una
vez a su término. Pero no perdamos la esperanza de poder vislumbrar el
ejercicio de todas las libertades cívicas y políticas en la isla.

Cuba se jacta de tener uno de los mejores sistemas educativos existentes
en América, pero ¿qué sentido tiene eso si no existe un campo de acción
mínimo para poder aplicar los conocimientos cívicos donde los conceptos
de democracia, libertad, derechos humanos suenan a sarcasmo?

“Granma” comparó la recuperación física del dictador con el “caguairán”,
típico árbol cubano de madera dura y resistente. Del mismo modo con el
que la dictadura castrista socavó con descaro el Estado de derecho en
Cuba, también la oposición democrática tiene el desafío político y
cívico de cortar la raíz de un árbol cuyas ramificaciones han sido tan
fuertes y profundas que intenta plasmarse de algún modo en Venezuela.

Hace algunas décadas atrás, Fidel Castro pronunció: “En veinticinco años
de revolución, a pesar de las dificultades y peligros por los que hemos
atravesado, jamás se ha cometido una tortura, jamás se ha cometido un
crimen”. Estas palabras reflejan la forma detestable y descarada en la
que termina prostituyéndose la verdad al antojo del dictador, sumiendo
al pueblo en la mentira.

Autor: Carkos A. Rosales Purizaca
Educador y Analista Internacional

http://www.lahistoriaparalela.com.ar/2006/08/16/la-enfermedad-politica-de-castro/

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