Torture in Cuba
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SALIDA ILEGAL
2009-01-18.
Dr. Antonio Llaca

(www.miscelaneasdecuba.net).- Santo Domingo. República Dominicana.- El
recorrido había comenzado por la Zona Colonial de Santo Domingo, de la
Catedral a la estatua de Cristóbal Colon con una parada frente a la
modesta placa que recuerda la estancia en 1880 de Antonio Maceo, el más
aguerrido soldado de nuestra Guerra de Independencia y unas palabras de
Pedro en memoria del Titán de Bronce.

De aquí a la Calle de las Damas y al fuerte que edificado durante el
reinado de Carlos III, orgulloso mostraba al mundo la presencia de
España en América y defendía la villa de ataques de corsarios, piratas y
apetitos expansionistas de otras potencias coloniales gracias al enorme
poder de sus baterías de cañones y a un magnífico dominio del mar Caribe
y la desembocadura del rió Ozama.

En la distancia, saliendo del rió, una yola (*) atestada de gente
iniciaba su recorrido por la costa sur dominicana; fue esta embarcación
la que atrajo poderosamente la atención de Marcia…-Es que me recuerda mi
aventura en el mar, nada extraordinario, pero fue la que me tocó vivir…

Playa "Sierra Morena", cerca de El Salto, costa norte de Villa Clara,
Cuba, madrugada del 13 al 14 de Junio de 1994: la obscuridad era total y
una pertinaz e incesante lluvia golpeaba desde hacía horas haciendo más
difícil el traslado del "bin-ban" hasta el agua, un trayecto de unos 60
metros desde la casa que habíamos alquilado para la construcción de la
lancha bautizada así quizás rememorando el famoso "big-ban" que se
supone dio origen al Universo aunque en lo personal hubiese preferido
llamarla el "Argo", salvando la distancia con los extraordinarios
sucesos acaecidos a los argonautas, los inmortales personajes de la
mitología griega, pero esta historia había comenzado dos meses antes…

-El Preludio.

La conversación llevaba rato "andando" con temas múltiples: lo que había
llegado a la bodega (la preocupación de siempre), la novela (la única
novela, también tema de siempre especialmente para las mujeres), los
chismes cotidianos del barrio con sus amores prohibidos y damas en
usufructo, la película del sábado y la pelota hasta que llegamos a las
infaltables penurias y escaseces (la "miseria socialista"), el futuro
hipotecado, la ausencia de libertades peor aun que las penurias, la
doble moral, de cómo nos dirigían la vida, esa vida que es nuestra y de
nadie más, desde que nacíamos hasta que dejábamos de existir. Mi padre
soltó la idea de irnos en una balsa o en cualquier cosa que flotara y
rápidamente entusiasmó a todos, creo, para ser sincera, que de inicio
sin tomárnoslo muy en serio hasta que hablé yo:

-A mi hija no la crío aquí -dije con una firmeza en la voz que raras
veces me había sobrevenido- yo también me voy.

-Pues yo tampoco voy a criar los míos aquí, sentenció Diana, mi hermana
menor, con igual firmeza.

-Coño pero tú sí que estás loca…
-Y ¿por qué?

-¿Cómo que por qué?, no ves que estas recién parida, mira como tienes a
ese muchacho prendio a la teta, ¿así te piensas montar en una balsa?

-¿Y qué edad tiene Flora?, ¿acaso no es una niña también?, y de todas
formas te la vas a llevar, no le veo la diferencia, yo también me voy a
montar, en lo que sea, y me voy en primera fila…

La parentela en pleno hizo causa común con Diana, de esta manera comenzó
lo que denominamos la "empresa familiar", se trataba nada menos que de
fabricar una embarcación que nos permitiera irnos de Cuba con seguridad
razonable, capacidad para veintitantas personas y provisiones
suficientes, sobre todo agua para tres o cuatro días en el mar; no podía
ser de otra manera, ocurrían numerosas estafas y hasta crímenes con
gente que había pagado a pescadores o supuestos guías de la zona para
finalizar siendo abandonados, en el mejor de los casos, en los manglares
o en los cayos cercanos así que tendríamos que hacerla y llevarla a
destino entre nosotros mismos.

-"Construcción Naval"

El primer problema era conseguir un "constructor naval" y alguien pensó
de inmediato en Homero quien jamás había construido un bote pero era un
excelente soldador y mecánico, ayudado por su hijo, pescador, podrían
hacer la embarcación que necesitábamos; hablar con ellos y apasionarlos
con la idea solo tomó pocas horas, mi cuñado, director de un CAI
(Combinado Agrícola Industrial) azucarero en Sagua La Grande conseguiría
las planchas metálicas y los equipos para soldar, además ponía el
transporte.

Resultaba esencial también conseguir un sitio cerca de la playa para
poder armar la embarcación, hacerla en el pueblo y transportarla era
imposible, en cuanto la policía o los del comité se percataran ya éramos
gente presa y por intento de Salida Ilegal podríamos pasar unos cuantos
años como "huéspedes" de alguna de las tantas prisiones de la Isla así
que esto ni pensarlo; dicen que la suerte ayuda a los intrépidos, a
nosotros nos favoreció, conseguimos una casa en el extremo final de
Sierra Morena y por una generosa cantidad de dinero pudimos alquilarla a
los dueños "para pasar las vacaciones" y "hacer unas fiestas", me fui de
primera a organizar las "fiestas" que nos habíamos prometido.

Hasta ese momento yo solo había tenido dos oficios: el primero ser mamá,
el segundo profesora de literatura y lengua española, por supuesto que
no tenía ni la más remota idea de cuestiones de mecánica o soldadura ni
mucho menos de construir un bote, ¡jamás había tenido muy clara la
diferencia entre un tornillo y una tuerca!, cuando empezaron a llegar
las planchas metálicas y equipos para soldar me vi metida en un inmenso
amasijo de hierros y herramientas sin saber para qué servían aquellas
cosas pero lo más sorprendente resultó ser que me convertí en ayudante
del soldador además de preparar las comidas, mantener un orden mínimo de
limpieza (donde quiera que haya dos o tres hombres trabajando el
desorden puede ser fantástico) y atender a mi hija.

Tres semanas más tarde estaba armada la estructura fundamental del
"bin-ban", tenía forma aproximada de canoa, unos 27 pies de largo (allí
me enteré que se decía "eslora") y 8 o 10 de ancho (de "manga") con la
cual iríamos a la conquista del océano y la libertad; el motor sería lo
último en adicionársele ya que en caso de ser detectados por las Tropas
Guardafronteras resultaba imprescindible que no lo ocuparan y sirviera
para otro intento.

El día 12, uno antes de la partida, la embarcación estaba completa; se
veía bonita, en la parte delantera (la "proa") le habíamos colocado un
toldo de lona con el cual protegernos del intenso sol, en la parte
posterior (la "popa") Homero había instalado el flamante motor de Lada
con unos cinco años de uso, asientos a ambos lados ("babor" y
"estribor"), al centro la carga: agua incluyendo un depósito exclusivo
para los niños, leche en polvo también reservada a los chiquillos a
quienes desde hacía semanas se la estábamos suministrando para
habituarlos, comestibles diversos, gasolina, herramientas, repuestos
para el motor y medicamentos; dentro de la locura que aquello
representaba casi todo estaba calculado excepto el mar y el número de
gente que se iría.

-La Partida.

El día 13 amaneció con intensa lluvia, amainó durante la tarde pero en
la noche volvió y así se mantuvo durante la madrugada del 14, pensamos
en posponer la partida pero se consideró también que con la lluvia
resultaba más fácil evadir los guardafronteras, pescadores y gente de
los alrededores (algunos muy proclives a la delación) por lo que nos
decidimos a "largar las amarras", los hombres fueron a la casa donde
esperaba el bin-ban, tuvieron que derribar partes de la puerta y la
pared frontal para poder sacarlo; lentamente, en la fría obscuridad de
esa noche se iba acercando a la línea de costa donde realizaría su
primera y única prueba de navegación: saber si flotaba.

Esperaba como máximo unas treinta y tantas personas pero el último
conteo resultó en cuarenta y nueve, era el primer cálculo que fallaba,
para colmo una sobrinita insistía en irse acompañada por su perrito, una
mezcla de "sato" cubano con "pudel" (poodle) europeo de pelo grisáceo
que daba la impresión de haber sido teñido largo tiempo atrás, travieso
y buscapleitos como él solo, pero agradable y simpático en sus travesuras.

Por fin el bote llegó al agua y no sé si por milagro o porque estaba
bien diseñado flotó, dos pescadores que nos acompañarían arrancaron el
motor y maniobraron por unos metros cerca de la orilla hasta que uno de
ellos dijo: ¡ya está listooooo!, mientras los que permanecíamos en la
arena que más que ver adivinábamos quedamos embargados de una tremenda
excitación, posiblemente la misma que tuvo el Almirante al ver navegar
sus tres carabelas; el bin-ban había pasado su prueba, el momento de la
partida había llegado.

Fuimos abordando y acomodando a la gente, en la tripulación dos
"pescadores de orilla", un guía de la zona, un mecánico y un improvisado
timonel; entre los "pasajeros" dos médicos, dieciséis mujeres y ocho
niños, de estos uno de tres y otro de seis meses de edad. Mujeres y
niños se situaron en la zona guarnecida por el toldo, alguien dio la
orden de partida porque no había capitán ni oficiales, en fin es que nos
íbamos de un país donde se suponía que todos éramos iguales así pues
cada cual, por su lado, gritaba o daba las órdenes que le parecía.

El ronroneo del motor se hizo más potente solo superado por los
ladridos del perrito que había quedado en la playa y el llanto de mi
sobrina que no se resignaba a dejar su mascota, poco a poco nos
alejábamos de la orilla hasta que una nueva voz insistió en regresar a
recoger el can, dimos marcha atrás y el animalito al vernos nuevamente
se lanzó al agua haciendo alarde de natación con sus cortas patas hasta
que logramos izarlo a bordo, se sacudió el agua que empapaba su
abundante e incierta pelambre de la manera que solo los perros saben
hacerlo: quedándose casi secos y mojando todo y a todos pero dio tales
muestras de alegría al reencontrarse con su dueña que conmovió a más de
uno, luego de este incidente reemprendimos la marcha rumbo a la Libertad
ahora con el pasaje completo.

La costa norte de Villa Clara es complicada, los cayos de
Sabana-Camagüey, bancos de arena, bajos y arrecifes eran obstáculos que
teníamos que ir superando antes de salir a mar abierto; el primer
tropiezo fue precisamente con un banco o bajo a pocas millas de la
costa, encallamos de tal manera que no podíamos movernos ni un
milímetro, varios hombres se lanzaron al agua y les costó horas de mucho
esfuerzo liberar la embarcación, lo logramos casi al amanecer, aquí nos
percatamos de que llevábamos un peso excesivo, recuerdo que podía tocar
el mar con solo inclinarme un poco en el borde de la embarcación por lo
que tuvimos que deshacernos de varias cosas, principalmente alimentos y
parte del agua, me dolió y atemorizó desprenderme de estas cosas, sobre
todo del agua, sabía que la íbamos a necesitar pero después de esto
logramos reflotar y salir a mar abierto.

-En Mar Abierto.

El mar es algo impresionante, una cosa es verlo y nadar un poco a la
orilla de la playa y otra completamente distinta adentrarse, es de una
inmensidad sobrecogedora donde solo ves agua y cielo, cielo y agua,
sabes que vas navegando hacia algún sitio pero no tienes ninguna
referencia, por lo menos para el que lo enfrenta por primera vez, el
mundo se te reduce al espacio de la embarcación, solo puedes llegar
hasta la baranda y ahí están tus límites presentes, palpables; las olas,
pequeñas y suaves, casi acariciadoras en la costa se convierten en
gigantescas moles capaces de voltear la embarcación o de arrasar con lo
que haya en su superficie y con cada una se nos metía un poco de agua
que iba anegando el casco, no podíamos movernos por temor a voltear la
embarcación e instintivamente nos apretujamos aun más.

El interminable vaivén comenzó a producirnos un intenso mareo seguido de
prolongados vómitos, sólo los que estaban en los bordes podían vomitar
hacia el mar, el resto tenía que hacerlo en su sitio, como es natural
también aparecieron los deseos de orinar y esto también había que
hacerlo "in situ", mi mamá, una señora de sesenta y tantos años fue la
primera en decirme: hija me estoy haciendo pipí ¿cómo hago?, ahí mismo
mamá, le respondí, no hay otra opción; el resto de mujeres y hombres que
estábamos embarcados en esta aventura siguieron este ejemplo si es que
ya anteriormente no lo habían ensayado hasta que todos teníamos los pies
metidos en una mezcla repugnante de agua salada con vómito y orina que
debíamos achicar constantemente con una o dos latas sobrevivientes del
momento de aligerar la carga o con bolsas de nylon; el calor y el mal
olor debajo del toldo, también resultaron insoportables.

Pero había que aguantarlos con estoicidad, creo que esto también influyó
en la aparición de los vómitos en la zona de proa donde estábamos
nosotras y contra los cuales nada parecía hacer el gravinol (**) que los
médicos nos daban; mi hermana se deshidrató rápidamente, trataron de
cogerle una vena para pasarle un suero pero resultó imposible por el
bamboleo, mientras, el niño reclamaba su ración de leche materna en
momentos en que ya no estaba en condiciones de satisfacerlo.

Afortunadamente la prima que también estaba amantando no se había
afectado tanto por estos inconvenientes y se ofreció a alimentar a
ambos, la acomodamos lo mejor que pudimos y continuó el viaje con un
muchacho "enrolado" en cada teta, creo que la solidaridad femenina hace
maravillas y en momentos así es cuando
verdaderamente la puedes aquilatar.

A pesar de estos problemas íbamos de bastante buen ánimo, siempre con la
idea de que nos faltaba poco para llegar, en realidad lo que faltaba era
poco para aterrorizarnos; creo que toda historia de este tipo tiene su
parte de angustia pero habría que sentirla como la sentí cuando vi
aquellos tiburones tan cerca de nosotros.

Eran unos animales enormes, quizás un zoólogo los hubiera denominado
magníficos o majestuosos (sin dudas lo eran) y si hubieran estado más
lejos yo también hubiese compartido la opinión; aparecieron
inesperadamente, como salidos de la nada y cuando me percaté ya los
tenía a unos dos o tres metros del bote, un temor inmenso se apoderó de
mi y creo que a todos les pasó lo mismo.

El perrito sin embargo se dedicó a ladrarles con una energía muy por
encima de sus posibilidades reales de enfrentarlos, era la imagen más
vívida del alarde o "guapería" cubana, entretanto, los indeseables
acompañantes continuaban escoltándonos lentamente, enseñándonos la
sobresaliente aleta dorsal y ocasionalmente los dientes como señal de
advertencia de lo que podría ocurrir con cualquiera de nosotros que por
accidente cayese al agua, así estuvieron como una media hora que me
pareció casi un siglo, temía que alguno de aquellos escualos fuese a
voltear la embarcación en cuyo caso nuestro destino no hubiese diferido
mucho del de aquellos infortunados del Titanic.

Entre los cubanos aun en las más difíciles circunstancias nunca falta un
jodedor y en medio de todo esto una voz anónima insinuó que debíamos
lanzar el perrito al mar para que se los comiera vivos a lo que
siguieron las protestas acompañadas de llanto de mi sobrina, mi hija y
los demás niños, cuando se alejaron bien sea porque se aburrieron o se
convencieron de que con nosotros no obtendrían nada respiramos aliviados
y alguien nuevamente bromeó acerca del temor que sintieron los tiburones
al escuchar los ladridos de nuestra mascota: ¡que pendejos los muy hijos
de p…!, exclamaron los hombres de popa mientras alzaban a nuestro
animalito en señal de triunfo.

Dicen que las desgracias llegan todas juntas, en nuestro caso más que de
desgracias se trató de oportunidades para el desastre y nos fueron
llegando paso a paso, luego de salir del susto con los tiburones el
motor comenzó a hacer un ruido muy extraño hasta que una correa salió
disparada hacia el mar y de inmediato nos detuvimos, aquella súbita
inmovilidad también tenía mucho de impresionante.

Si no lográbamos arreglarlo cuanto antes quedaríamos a merced de las
olas y las corrientes sin saber a dónde iríamos a parar, por otra parte
la tarde iba llegando a su final y la luz del sol era algo que
necesitábamos imprescindiblemente; una vez más Homero hizo gala de su
oficio y tenacidad, se había aferrado a su pesada caja de herramientas
cuando necesitamos aligerar sin permitir que terminase en el fondo del mar.

En este momento se revelaba como una de las decisiones más acertadas que
había tomado en su vida, extrajo las herramientas necesarias, una correa
de repuesto y mientras desarmaba la parte afectada del motor las 48
restantes almas teníamos todas nuestras esperanzas puestas en el trabajo
de aquel hombre, no sé qué tiempo le habrá tomado el arreglo pero
garantizo que también me pareció una eternidad, terminó a la luz de una
linterna que como casi todas las cosas a bordo había salido de la nada;
cuando escuchamos nuevamente el ruido del motor, sentimos el calor que
despedía y el inconfundible olor de la gasolina recién quemada a todos
nos volvió el alma al cuerpo, nuevamente pusimos proa hacia la Libertad
y la Esperanza aunque ahora nos desplazábamos mas lentamente.

El otro incidente serio ocurrió horas después, las soldaduras de unas
planchas laterales se soltaron y empezó a entrarnos agua en importante
cantidad, la alarma cundió en seguida y puso en alerta a aquellos que
habían logrado conciliar algo de sueño, creo que en esta oportunidad sí
enfrentábamos un problema mucho mayor que el de la rotura del motor; de
nuevo nos detuvimos y los hombres empezaron a remediarlo con lo que
pudieron: algunos tornillos, pedazos de alambre, una soga que tampoco sé
de donde salió y jirones de las camisas sirvieron para colocarlas y
amarrarlas nuevamente en su posición, el resto de la gente que no
participaba del remiendo nos dedicamos a achicar el agua con tanta
velocidad como nos era posible hasta que pudimos resolver este nuevo
contratiempo y ponernos en marcha al amanecer, ahora íbamos más despacio
pero el mar estaba calmo y un grupo de delfines apareció a nuestro lado,
los simpáticos animales nos acompañaron un buen rato haciendo piruetas y
creo que nos trajeron la buena suerte, a mediodía logramos avistar un
cayo, sin dudas de las Bahamas.

-En Bahamas: turistas sin visado.

"La alegría fue indescriptible" es lo que suele decirse ante hechos como
este pero en realidad LO FUE y con mayúsculas, muchos se pusieron de pie
por el lado de babor para verlo y la embarcación escoró peligrosamente,
casi nos volcamos así que hubo que poner orden de inmediato, en la tarde
logramos alcanzarlo, era una formación rocosa que poco sobresalía del
agua con mucho "diente de perro", mangles, dos casas abandonadas y
algunos cocoteros, logramos desembarcar trabajosamente en lo que más se
parecía a una playa, tenía las piernas entumecidas, la piel de los
tobillos y pies macerada por la acción constante del agua o la mezcla
maloliente , brazos, cara y cuello muy quemados por el sol; nos
dirigimos lentamente a una de las casas abandonadas y a todos nos
embargó la sensación de que estábamos a salvo, espontáneamente la gente
se puso a rezar en un compacto grupo donde coincidieron los más devotos
con los menos practicantes, los ateos, los católicos, los santeros, un
bautista y un masón que también traíamos a bordo, todos dando gracias a
Dios o a sus dioses, a su manera respectiva, pero con la mayor
sinceridad y unidos.

Después de la improvisada ceremonia mi mayor preocupación era la de
asearme un poco así que me fui con mi gente hasta un sitio resguardado
de miradas indiscretas donde pudimos quitarnos las ropas, lavarlas
aunque fuera ligeramente y darnos un baño de agua salada que resultó
refrescante y mitigó el olor a orina que teníamos impregnado, ya era
mujer nueva y con ánimos para emprender las labores que se me
presentaban: el hambre y la sed comenzaban a hacer estragos y había que
alimentar prioritariamente a los niños.

El conteo de lo que nos quedaba resultó decepcionante: dos bidones de
agua para los adultos, (unos cincuenta litros) lo que para más de
cuarenta personas no era mucho, el cálculo arrojó que alcanzarían para
unas veinticuatro horas, el de los niños intacto con unos 25 litros,
tres latas de leche en polvo, una jaba de nilón con dos paquetes de
galletas de soda y nada mas de comida, como recurso para situaciones
extremas contábamos también con algunos frascos de dextrosa y solución
salina para uso en
dovenoso; se impuso el racionamiento del agua con
libreta y todo, por supuesto de inmediato sobrevinieron los comentarios
jocosos de parte de los bromistas de siempre: ¡ahora estamos peor que en
Cuba, allá lo teníamos todo racionado menos el agua!, a lo que por otro
lado respondían: ¡mentira, en Santa Clara y en La Habana también está
racionada el agua!, pero a pesar de todo con sonrisas se organizó la
primera comida en 24 horas: una galleta de soda y un vaso de agua por
persona, para los niños leche y ración doble de galletas, luego nos
fuimos acomodando en las casas abandonadas o en la arena, dormí uno de
los mejores sueños de mi vida.

La mañana siguiente todos estábamos de mucho mejor ánimo y aunque el
desayuno consistió solo en agua la inventiva ciudadana comenzó a
funcionar, dos muchachos se encaramaron en los cocoteros y nos regalaron
una buena ración de estos frutos, los niños iban despertando y a una
amiga se le ocurrió mezclarles la leche con agua de coco, ¡les encantó!;
en los arrecifes ya los pescadores estaban "faenando" y consiguieron
capturar varios parguitos, ¡hasta el perro contribuyó!, descubrió dos
nidos repletos de huevos de tortugas con los que nos dimos casi un
festín, el hambre se estaba haciendo más pasajera.

-Los Camagüeyanos.

La tarde sin embargo comenzó sombría. Siempre estábamos vigilantes del
mar y del cielo. Esperábamos recibir ayuda de alguna parte pero lo que
no imaginábamos era que fuésemos nosotros quienes ayudaríamos a otros.

Uno de los pescadores había divisado lo que parecía una embarcación. En
efecto, cuando la tuvimos más cerca vimos que se trataba de una balsa en
la que un ocupante hacía señas con los brazos. De inmediato el bin-ban
se puso nuevamente en movimiento.

Minutos más tarde traía al cayo a cuatro muchachos de Camagüey que
venían en condiciones desastrosas, gravemente deshidratados, quemados
por el sol luego de varios días a la deriva y severamente deprimidos por
la pérdida de uno de sus compañeros que había caído al agua y
desaparecido. La balsa terminó por deshacerse durante la maniobra de
rescate. Los sueros que teníamos como reserva para casos extremos los
utilizamos en la reanimación de estos jóvenes.

Cayó la noche y la mayoría se retiró a descansar, me preocupaba la
situación del agua ya que a pesar de los cocos ahora teníamos más gente
y pronto la situación se tornaría crítica, podíamos pasar varios días
sin comer pero sin agua la cosa es totalmente diferente, la "ración" nos
daba para mantenernos aunque con sed y la sed es una tortura cruel y muy
mala consejera, especialmente en una isleta perdida de las Bahamas,
¡tanta agua que llevábamos a la partida, tanta lluvia que nos cayó
encima y ahora ni por casualidad aparecía una nube en el horizonte!; me
dormí soñando con que al siguiente día recibiríamos ayuda, que alguien
vendría a rescatarnos.

Desperté bien temprano, los muchachos camagüeyanos se veían bastante
recuperados con los sueros que les habían aplicado, los médicos habían
pasado la madrugada en pie y hecho bien su trabajo; poco a poco la gente
se fue desperezando y venían por su "ración", los bidones se agotaron, a
medida que el sol se elevaba el ambiente se iba calentando y la sed
comenzaba a apretar, algunos comenzaron a acariciar la idea de
reacondicionar el "bin-ban" y proseguir la travesía aunque la mayoría la
rechazaba, argumentos iban y venían desde ambos lados.

-Rescatados.

Pensé que eso de que los sueños a veces se hacen realidad era un gran
cuento o al menos eso creí hasta el mediodía cuando el ruido de un motor
nos sacó del abatimiento, un diminuto punto en el cielo se fue acercando
hasta convertirse en una avioneta que nos sobrevoló dos veces, en el
segundo "pase" dejó caer un radio con el que establecimos comunicación,
nos identificamos y les explicamos la situación en que estábamos, nos
respondieron que eran de Hermanos al Rescate (***) que harían un nuevo
pase para lanzarnos agua, comida y nos recomendaron que no nos
moviéramos del cayo, que ellos ya estaban en contacto con el Servicio de
Guardacostas de los Estados Unidos y pronto vendrían por nosotros.

En efecto, a la mañana siguiente divisamos una imponente embarcación que
se acercaba, era un Guardacostas del cual se desprendieron dos lanchas
en las que nos recogieron, se notaba que tenían gran experiencia en
estos asuntos puesto que hicieron el rescate muy rápidamente, con
profesionalidad y un estricto orden de prioridades que alcanzó hasta al
perrito; el resto que me queda por decirles es "agua pasada": arribar a
un país desconocido, comenzar una nueva vida, pero, en fin, espero no
haberlos aburrido con esta historia….

-En lo absoluto Marcia, dijimos en coro, casi al unísono.
-Ha sido una de las cosas más interesantes que he escuchado en estos
días -añadí-.

-Final.

La Zona Colonial ya había quedado bien atrás, sin sentirlo habíamos
caminado varios kilómetros a lo largo del Malecón, uno de nuestros
amigos dominicanos señaló que si algo no podíamos perder en este paseo
era el saborear un " pan con lechón asado" (la especialidad de los
vendedores de los alrededores) sentados en el muro y si venía con una
cerveza Presidente pues mucho mejor así que nos acomodamos a disfrutar
de la improvisada cena al aire libre acompañados de los merengues y
bachatas que el altavoz de un negocio vecino lanzaba a todo volumen, a
lo lejos la yola casi desaparecía en el horizonte; entre bocado y bocado
aproveché para dirigirme nuevamente a Marcia…

-Sabes, en ocasiones publico algo por allá por Venezuela, mayormente
Relatos Breves, y me ha impresionado tu historia, si me lo permites
pienso publicarla en un futuro pero me faltan algunas cosas para concluir…

-Pues no hay inconvenientes con que la escribas pero ¿qué es lo que falta?
-Primero saber si después de haber pasado por todo esto lo volverías a
intentar o se lo recomendarías a alguien…

-No, creo que no, afortunadamente nosotros tuvimos un "happy end" (final
feliz) y nos hicimos con el vellocino y el oro pero todo pudo haber
terminado en una gran tragedia, ya has escuchado por lo que pasaron los
de la balsa, ¡el mismo destino de tantos otros centenares o miles de
compatriotas! Pienso que los cubanos tenemos que luchar por alcanzar
nuestras libertades tanto individuales como colectivas y si tuviera que
enfrentar hoy día aquellas situaciones buscaría otra manera, batallaría
por conquistar mis derechos, por una vida mejor en Cuba y porque
episodios como el mío no tuvieran que repetirse jamás.

-Y ¿quisieras regresar?

-Claro que quisiera, es lo que más deseo, pero no bajo las actuales
circunstancias de tener que pedir un "permiso" o "visa" para entrar a mi
propio país, yo salí como si hubiese sido una delincuente, escapando en
medio de la noche y mi único delito era el querer un futuro mejor para
mí y los míos, sí deseo re
gresar pero libremente, con DIGNIDAD, también
con mayúsculas, algún día podré…y no tarda mucho.

******

(*) Yola: República Dominicana: bote o embarcación utilizada
habitualmente para la pesca, también ha sido muy empleada por los
emigrantes haitianos y dominicanos que atraviesan el Canal de la Mona
con destino a Puerto Rico.
(**) Gravinol: Dimenhidrinato, antiemético de uso común.
(***) Hermanos al Rescate: organización de pilotos exiliados cubanos con
base en Miami dedicados a la búsqueda y rescate de balseros y náufragos
en el Estrecho de la Florida.

P.S.: Con mi mayor reconocimiento a Marcia por su testimonio, la heroína
indiscutible de este Relato.

©
Santo Domingo. República Dominicana
Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio salvo
autorización del autor o de Editorial CEDOF.

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