Torture in Cuba
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Publicado el viernes, 02.26.10
Crimen racial
By ENRIQUE PATTERSON

El deceso del preso de conciencia Orlando Zapata Tamayo, luego de una
dramática huelga de hambre de 81 días, es un crimen premeditado del
régimen castrista. La víctima no pedía más que condiciones de prisión
acordes con los protocolos internacionales firmados por el gobierno de
La Habana. Ninguna de las exigencias de este mártir por los derechos
civiles y la libertad de expression era imposible de satisfacer y el
gobierno cubano no perdía nada, más bien ganaba, en caso de otorgarlas.

Los que a conciencia dejaron morir a este cubano, son los mismos que
–bajo la dictadura que antes combatieron– reclamaron y disfrutaron de
más que aceptables condiciones de prisión, a pesar del carácter violento
de sus actividades; los mismos que, al mando de la dictadura actual,
dejan morir a un luchador pacífico que reclamaba condiciones de
encarcelamiento que ni siquiera se acercaban a las que en su momento
disfrutaron sus actuales verdugos. Para actuar de modo tan despiadado se
precisa una gran desintegración moral, e intensas reservas de maldad y
cobardía. Otro asunto son los motivos de semejante saña.

A partir del Maleconazo (1994), la primera protesta masiva y popular
contra el régimen, donde la mayoría de los participantes eran negros y
mestizos, la represión adoptó un carácter particular hacia los negros,
algo que Fidel Castro confesó en el 2003, cuando justificó el
fusilamiento expeditivo de dos cubanos negros –que intentaron robarse
una embarcación para huir del país– no por la dimensión y el etiquetaje
jurídico del delito, sino por la necesidad de dar un escarmiento. Algo
así como la sicología de la élite gobernante y la soldadesca de 1912
cuando decidieron cometer un genocidio contra la población negra por la
sublevación de los Independientes de Color. Ahora, por idénticas
motivaciones, dejan morir a un cubano del mismo grupo social. Sí, es un
mensaje a la disidencia en general, y a los negros en particular, cuyo
activismo social y politico se hace cada día más intenso.

Es cierto que el régimen cubano es despiadado en el trato de sus presos
políticos, pero también es cierto que a veces escucha: según quien sea,
según por quien se abogue. Pudo escuchar a personalidades políticas
europeas y liberar –con reticencias– a alguien como el poeta Raúl
Rivero, de la misma causa de este otro compatriota ahora fallecido. Pero
se desentiende cuando personalidades como Abdias Nascimento y
prestigiosos intelectuales afroamericanos y caribeños piden la libertad
de alguien como el Dr. Darsi Ferrer, o cuando el clamor de abajo y de
otras latitudes apoya los reclamos en favor de Orlando Zapata o del Dr.
Oscar Elías Bisset, por citar otro ejemplo.

La vida de un negro siempre ha tenido para el poder cubano –para
cualquier poder– un valor si acaso relativo. Está dispuesto a dejarlos
morir a pesar del escándalo. Era el fin que tenían preparado para el Dr.
Ferrer, para Guillermo Fariñas. Son balas que se ahorran por si un día
tienen que eliminar masas de descontentos de manera menos sofisticada.
Por los mismos motivos ya es hora de que en esta lucha los negros
inviertan para darle más valor a sus vidas. No es conveniente asumir la
premisa del poder colonial –cuando las “piezas de ébano'' eran
baratas– que consideraba la vida de los negros como algo prescindible.

La Cuba de ultramar también debería revisar ciertas actitudes al
respecto. Tan presta está la propaganda cuando un luchador negro se
sacrifica por los derechos de todos como a veces sorda, indiferente o
reticente cuando se señalan las injusticias particulares de ayer y de
hoy contra su grupo social. Algo que no ocurre si se trata de las
razones de otros grupos, como las mujeres o los campesinos. Es que el
tema de los derechos de los negros como grupo discriminado también se
considera tan prescindible como la vida de los negros en tanto que
individuos.

rlando Zapata Tamayo pasa a ser un número que se adiciona a la larga
lista de crímenes del actual régimen, pero con el detalle de que este,
como los fusilamientos del 2003, es un crimen racial. Un mártir más, un
votante menos, un parlamentario menos, un empresario o un líder sindical
menos. Ese es el juego: Abdias de Nascimiento se lo advirtió al Dr.
Darsi Ferrer para que suspendiera su huelga de hambre, menos mal que fue
escuchado. Esperemos que las razones de Orlando Zapata pesen mañana más
que las de nuestros abuelos, traicionados por la misma república que
ayudaron a crear siendo la columna vertebral de las guerras por la
independencia. No pudieron descansar en paz. Hagamos que mañana este
mártir de hoy descanse en paz cuando se sume a todos con equidad en
lugar de restarlos a culatazos, a huelgas de hambre como último recurso,
a la infame tortura de la sed.

Representante especial en el exterior del Partido Arco Progresista (Parp).

ENRIQUE PATTERSON: Crimen racial – Opinión – ElNuevoHerald.com (26
February 2010)
http://www.elnuevoherald.com/2010/02/26/662569/enrique-patterson-crimen-racial.html

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