Torture in Cuba
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Publicado el martes, 03.23.10
Silencios que matan
By JORGE RAMOS AVALOS

“¿Por qué la mayoría de los gobiernos de América Latina guarda silencio
sobre lo que está ocurriendo en Cuba? Necesitamos su solidaridad''. Esto
lo escribió en su página de Twitter la bloguera Yoani Sánchez el 14 de
marzo a las 9:36 de la noche (@yoanisanchez).

En ese momento todos los gobiernos de América Latina habían guardado un
silencio cómplice y cobarde sobre la muerte del disidente político
Orlando Zapata, y sobre las violaciones a los derechos humanos en las
cárceles cubanas. Y tuvo que pasar mucho tiempo para que se escucharan
las primeras críticas.

El mismo día que muere Orlando Zapata en la Habana –el 23 de febrero,
tras una huelga de hambre de 86 días– hay una foto de los 32 líderes de
América Latina y el Caribe reunidos en Cancún; aparecen sonrientes y sin
decir nada sobre Zapata.

Quizás en el instante que tomaron la foto los mandatarios no sabían de
la muerte de Zapata. Pero ya la prensa había reportado ampliamente sobre
su precario estado de salud. Raúl Castro es uno de los que más sonríe en
la foto.

Luego vino lo peor. El presidente de Brasil, Lula da Silva, visitó Cuba
y, lejos de denunciar la muerte de Zapata, la justificó. “La huelga de
hambre no puede ser usada como un pretexto de derechos humanos para
liberar a las personas'', dijo a la prensa a su regreso en Brasil.
“Imagínense si todos los bandidos que están presos en Sao Paulo
entrasen en huelga de hambre y exigiesen libertad''.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, fue más explícito. Le llamó
“delincuente'' a Zapata, a pesar de haber sido encarcelado
exclusivamente por su forma de pensar. “Este es un problema interno de
Cuba, pero se hace un escándalo internacional porque un cubano ha muerto
en una huelga de hambre''.

El gobierno del presidente salvadoreño Mauricio Funes no pudo haber
escogido un peor momento para reabir su embajada en Cuba. Si ya habían
pasado 48 años sin embajada, ¿no podían haber esperado unas
circunstancias más propicias?

Ni el canciller salvadoreño ni la primera dama, Vanda Pignato –quien
cortó la cinta de apertura de la embajada– se atrevieron, ni siquiera,
a mencionar el nombre de Zapata o de Guillermo Fariñas, otro disidente
que ya había comenzado su huelga de hambre. Ya veremos si cuando el
presidente Funes vaya a La Habana próximamente puede pedir para los
cubanos las mismas libertades que quiere para los salvadoreños.

En Cuba hay 247 prisioneros políticos, según el conteo de Elizardo
Sánchez, de la Comisión de Derechos Humanos de Cuba, y la mayoría de los
gobiernos latinoamericanos no se han atrevido a denunciarlo. Son
silencios que matan.

El primero en romper el bloqueo del silencio fue el nuevo presidente de
Chile, Sebastián Piñera, quien denunció la muerte de Zapata y pidió una
transición a la democracia en Cuba. Le siguió el presidente de Costa
Rica, Oscar Arias.

“Los presos políticos no existen en las democracias'', dijo Arias.
“Cuba puede hacer todos los esfuerzos de oratoria que desee para vender
la idea de que es una democracia especial, pero cada preso político
niega en la práctica esa afirmación''.

Siguió México. “México exhorta al gobierno cubano a realizar las
acciones necesarias para proteger la salud y la dignidad de todos sus
prisioneros'', dijo con tibieza la cancillería. La declaración de México
no fue tan contundente como la de Arias, pero pone en peligro el tan
pospuesto viaje del presidente Felipe Calderón a Cuba.

Otras declaraciones, más o menos fuertes, vinieron después. Pero lo que
hay que destacar es que dos disidentes políticos, Orlando Zapata y
Guillermo Fariñas, cambiaron la manera como el mundo ve a Cuba.

Hoy nadie puede negar que Cuba es una dictadura que tortura y mata a los
que piensan distinto. Lo que queremos, me dijo Fariñas en una entrevista
telefónica desde el hospital, es “demostrar al mundo la crueldad, la
esencia criminal del gobierno cubano''.

Sí, Cuba puede cambiar desde dentro. Fariñas, Zapata, Yoani y las Damas
de Blanco lo están demostrando. Pero cuando eso ocurre, América Latina
no se puede –no se debe– quedar callada.

Twitter @jorgeramosnews

http://www.elnuevoherald.com/2010/03/23/680380/jorge-ramos-avalos-silencios-que.html

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