Torture in Cuba
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La muerte de un cubano
Lunes 19 de Abril de 2010 12:07 Yaxys Cires Dib, Madrid

La trágica muerte de Adrián Leiva ha sido un duro golpe para sus
familiares y amigos. El triste drama cubano se cobró de esa manera otra
vida, esta vez de alguien que no se resignaba a vivir fuera de la
patria, lejos de su anciana madre.

Para quien no lo conocía puedo decir que Adrián era un hombre humilde y
de gran corazón. Desde el punto de vista político, era de militancia
democristiana, progresista y con una trayectoria en defensa de los
derechos humanos que superaba cualquier tendencia ideológica. Sentía
gran apego a la idea de ciudadanía, rebelándose así contra la voluntad
del régimen que ha impuesto la noción de "compañero", "cederista" y
"revolucionario", en detrimento de la condición de ciudadano cubano.

El 11 de marzo, días antes de emprender la travesía que lo condujo a la
muerte, Adrián publicó una carta abierta dirigida al canciller cubano,
Bruno Rodríguez, en la que denunciaba: "Yo soy unos de los miles de
casos donde se viola el más sagrado derecho de todo ciudadano con la
agravante de la tortura mental a la que se me somete. El derecho a la
vida en la Patria. Luego de cumplimentar todos los trámites establecidos
se me niega la entrada a Cuba".

En la carta Adrián consideraba inhumano que los cubanos tuviéramos que
solicitar visado para entrar a nuestro país o un permiso para viajar al
exterior, conocido como "tarjeta blanca". Para él la salida definitiva
era en sí un "destierro encubierto".

Silvio y Adrián

Difícilmente en lo inmediato tengamos todos los datos sobre las causas
verdaderas de la muerte de Adrián Leiva y de las circunstancias en las
que se produjo. Sin embargo, la responsabilidad recae sobre una política
migratoria que en palabras del mismo fallecido es una "aversión
anticubana y humana del gobierno hacia el pueblo".

En mayo de 2009 Adrián publicó otra carta abierta, en este caso dirigida
al cantautor Silvio Rodríguez, en la que le recordaba que "a lo largo de
los últimos cincuenta años, miles de cubanos se han visto
imposibilitados de entrar en Cuba, incluso para asistir al funeral de un
familiar allegado, como puede ser la madre o un hijo", en clara
referencia a Celia Cruz, quien no pudo darle el último adiós a su madre.

En la misiva, le hizo una petición a Silvio: "Le invito a que su voz y
su guitarra entonen una canción que reclame la concordia entre todos los
cubanos, el respeto a la diversidad, a la unidad de la dividida familia
cubana y la cancelación de la nefasta salida definitiva que constituye
el mayor oprobio a la sangre derramada por nuestros antecesores. No le
pido una canción protesta. Quisiera mejor una canción de amor que toque
las puertas de los corazones de todos los cubanos. Sobre todos a los que
más precisan de esa palabra".

Sin que mediaran muchos días, Silvio le respondió. No le garantizaba una
canción sobre el tema, pues para ello necesitaría también de las musas,
pero sí se comprometió a "seguir planteando en todas partes que los
ciudadanos cubanos deben tener derecho a entrar y salir de su país
cuando lo deseen". Según el cantautor, "cuando ese impedimento absurdo
no exista nuestro país será mejor y todos los cubanos vamos a sentirnos
mejor".

Casi un año después, mientras Silvio pedía —tímidamente— algunas
revisiones, no se sabe si para confirmar el fracaso de las promesas de
otros o si para seguir avivando sueños que nunca se realizarán, el
cadáver de nuestro amigo yacía en una morgue de La Habana.

En esos días Silvio decía lo mismo que hace un año en su carta
respuesta, pero Adrián, con una visión del tiempo muy distinta a la del
régimen y similar a la de millones de cubanos que ven como su vida se
acaba sin una buena noticia, había dado un paso muy arriesgado.

Silvio y Adrián tenían el mismo diagnóstico sobre la realidad, pero ésta
no les afectaba de la misma manera: Silvio vive en su bella Habana y
Adrián se consideraba un desterrado. Silvio puede darse el lujo de
esperar a que nada cambie o a que las reformas lleguen dentro de muchos
años, pero Adrián no podía. En fin, Silvio consentía ser defraudado año
tras años por aquellos a quienes paradójicamente otorga más credibilidad
que a los demócratas cubanos, pero Adrián no.

Que Adrián Leiva descanse en Paz. Amén.

http://www.diariodecuba.net/cuba/81-cuba/1250-la-muerte-de-un-cubano.html

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