Torture in Cuba
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Hasta que el Estado los separe
Jueves 13 de Mayo de 2010 08:35 Orlando Luis Pardo Lazo, La Habana

Cartas de Yamil a Marleny. (OLPL)"Good morning, mi flaca bella", "Hello,
muñeca preciosa", "I love you sooo much": frases comunes repetidas en
cada epístola, bitácora del dolor en un spanglish tierno desde la
cárcel, con emoticones pintados a mano y el nombre de "Marlene"
encabezando el papel (incluso antes de la fecha) como una marca de agua.
De agonía. Reportaje al pie del amor. A ras de una huelga de hambre.

Son cartas cruzadas entre dos jóvenes en la Cuba de hoy. Marleny
González Rodríguez (31), abandonada al aire libre de nuestra ciudad
capital, y su pareja Yamil Domínguez Ramos (37), cubano con ciudadanía
norteamericana, quien desde finales de 2007 purga diez años de condena
en el Combinado del Este (en régimen de máxima severidad) por "tráfico
de personas".

El 14 de mayo se cumple un mes desde que Yamil dejó de comer. Ha perdido
más de 20 kilogramos. Sólo bebe agua. Y algunas vitaminas y pastillas
solidarias (por parte de sus compañeros de cárcel) para paliar el dolor
de cabeza y la acidez estomacal, calambres mentales y gástricos que
remiten a una sintomatología peor: cadena de depauperaciones vitales que
él insiste en arrastrar hasta la muerte o la libertad (parece una
consigna, pero no hay demagogia en el discurso de un hombre que le dice
a Dios y al Estado: Stop).

"Está claro que mantendré mi posición hasta las últimas consecuencias".
"Prefiero morir, que vivir y llevar por el resto de mi vida la cruz de
que fui un cobarde que se dejó humillar, por no tener el valor de
reclamar su derecho más elemental". "Yo estoy preparado para lo que sea:
con los pies delante o detrás, pero voy a salir de un castigo que no
merezco, ni yo ni nuestra familia, por algo que no he hecho, y ni
siquiera existe infracción cometida". "Cuando pienso que exijo mi
derecho, al que nunca debieron privarme, créeme que el dolor es dulce,
es placentero, y me resigno a pasarlo". "Soy un hombre afortunado pues
gozo de la capacidad de amar, que es una virtud, y de ser amado".

Palabras duras para un país endurecido. Dolor, pero también indolencia
infinita, debía ser el único nombre de estas páginas. Desde el Pacto del
Zanjón hasta el Caso Zapata, en la práctica nunca nos entendimos (el
lenguaje existe porque la comunicación es imposible). No hay peor Cuba
que la del mismo palo. Marleny lee. No puede evitar hacerlo delante del
uniformado que le entrega las letras presas de Yamil, cada jueves del
mundo. Y, aunque él habla exclusivamente para su pareja, ella no sabe
qué hacer con tanta escritura "del corazón", sin "paripés" ni
"pantallitas": "No voy a vivir con la secuela de la humillación y la
indignidad". "Los derechos se exigen con autoridad y decisión
firme".Marleny González Rodríguez: 'Te hacen sentir que estás en una
isla subterránea'. (OLPL)

Este año, Marleny y otros familiares de Yamil (una hermana perdió su
"idoneidad laboral" por ser su hermana) le han abierto un blog
desesperado en el portal Voces Cubanas (Injusticia Notoria). Esta
semana, Marleny contó las cartas delante de mí, con la desconfianza
infantil de quien ya ha sido estafada por todos, y sólo entonces me las
confió (sin tener copias). Y, como en aquel slogan de nuestra
prehistoria revolucionaria del siglo XX, con sus ojos al borde del
llanto, no me dijo "Cree" sino "Lee".

Una isla suberránea

Yamil Domínguez Ramos se fue de Cuba por el bombo en el año 2000. No
tuvo antecedentes penales en ningún país ("adecuado comportamiento
social y moral", decreta la Sentencia 204 del 2008), pero igual la
"vida-lottery" de su suerte expira ahora a full-speed cada 24 horas sin
alimentos. Y "expirar" es el verbo exacto, porque, si bien su
constitución excelente ha evitado la necesidad de sueros de
sostenimiento (como asistencia médica sólo le han mirado las uñas y
medido la presión), es vox populi que las personas robustas, cuando
colapsan, resisten menos el trauma.

De ahí la prisa desquiciada de quienes lo aman. De ahí la pachaza
disciplinaria con que los poderes oficiales han reaccionado, desde el
Nuncio de la Iglesia Católica, la Sección de Intereses de EE UU, el
Secretario General de la OEA, la Relatora Especial de la ONU sobre
Derechos Humanos de los Migrantes, hasta los peritos del Ministerio de
Justicia y del Interior (Ciudadanía, Prisiones, Consejo y Seguridad del
Estado). Todas las aldabas ya fueron golpeadas por esta familia
(incluidas las concomitantes apelaciones a Raúl Castro y Barack Obama) y
acaso el último aldabonazo tendrá que darlo el cuerpo en crisis de
Yamil. Cierra la muralla. De ahí, también, esa soledad somática que
sobresatura a la ciudadanía cubana, incluso a plaza repleta en cualquier
día feriado.

Yamil Domínguez Ramos, protagonista de un guión común, pasó mil y un
trabajos para "triunfar" en los Estados Unidos de América (todo exilio
es tortura, pero tozudo). Con el paso del tiempo, como tantos nacionales
de clase hard-working fuera de Cuba, se graduó de algo en alguna
universidad, escaló económicamente, ejerció la propiedad privada en
primera persona, rehizo su vida doméstica y afectiva, visitó su patria
de cuando en cuánto (Cuba cuesta en hard currency), y reclamó a parte de
la familia dejada atrás. Su biopics parecía apuntar a que existe una
sobrevida a la Cuba de la Revolución. Pero entonces se compró un yate
(el Róbalo, talismán de este drama: hay nombres que predisponen) y juró
como ciudadano de la "primera potencia imperialista mundial" (un
agravante en el paraíso del proletariado).

Yamil Domínguez Ramos y su madre. (OLPL)Estaba a punto de la
reunificación con sus seres queridos cuando Cuba lo colimó (la esperanza
de la tierra prometida es un espejismo tétrico). Así, en octubre de
2007, Yamil y su yate aparecen escoltados por guardacostas en la Marina
Hemingway de La Habana. Desde el inicio, alegó haber sido desviado de su
destino a Cancún por las pésimas condiciones marítimas, que lo obligaron
a recalar en un puerto abierto al trasiego internacional. "Los yatistas
sólo requieren tener el pasaporte actualizado y los documentos de la
embarcación para su acceso por el puerto a nuestro país", promociona un
brochure comercial de la propia Marina. De manera que Yamil confió en su
pasaporte Made In Washington como testimonio de la verdad: los
traficantes no viajan solos sin fines de lucro, a bandera izada y con
las luces prendidas, menos aún identificados en yates recreacionales a
título personal.

Enseguida estuvo más de un mes en el cuartel general de Villa Marista.
Silencio, sutiles insinuaciones de reclutamiento, interrogatorios.
También tuvieron allí a Marleny, a quien en muy pocas horas la convencen
a gritos de la gravedad de la situación (se sospechaba de un contrabando
migratorio masivo por Cojímar), y de que era preferible declarar en
cámara que sólo era una recogida privada (con su hijo incluido, so pena
de perder la "patria potestad"). Sospechando pero incrédula, coaccionada
hasta por las temperaturas polares del aire acondicionado, a pesar de
estar en trámites legales para salir por fin del país, pensando en
proteger a su pareja de lo peor, ella confesó al dedillo el delito que
le dictaron: una culpa incriminatoria que todavía pesa sobre su amor.

Ese documento bastó en el juicio como evidencia. Segundas declaraciones
de Marleny no constaron como de fuerza legal, entre otros entresijos
abogadiles que pueden consultarse en el blog Injusticia Notoria. Hasta
el Tribunal Supremo de Cuba en un inicio dictaminó retrotraer el proceso
penal por "quebrantamiento de forma", pero el resultado fue una curiosa
clonación de la misma sentencia. Las palabras persisten (moraleja
macabra para Marleny).

Mientras tanto, Yamil habita en el Combinado del Este, tan inmediato y
tan inaccesible para Marleny, a quien conoce desde niño, en tanto
vecinos de una calle quieta de Miramar. Con su puño y letra, él reafirma
una inocencia contra todo consenso o colusión. Asegura que "no me
interesa la política, soy amante de la libertad, del respeto a esta y al
resto de los derechos del hombre", pero lo cierto es que su retórica se
va radicalizando en las cartas y el blog, al punto de lanzar ahora la
máxima violencia contra su cuerpo: dejarse morir, porque ya está cansado
de que todo sea "silencio" y "fraude", más alguna golpiza y celdas de
castigo como aderezo ante su postura de plante.

Es la tercera vez que Yamil Domínguez Ramos intenta esta suerte de
insubordinación solipsista, que apuesta más por una solución que por el
suicidio, aunque la postura gubernamental sea la de no sostener diálogos
bajo presión, pues la negociación política es entendida entonces como
una peligrosa cobardía o claudicación.

En las otras dos huelgas, Yamil decidió transar a tiempo ante las
expectativas de respuesta a su caso. Ahora, sin embargo, le exige a su
familia que no se deje manipular con un chantaje emotivo. "La pasión y
la ternura resumidas en el amor son magias capaces de construir templos
desde las ruinas", pero a la tercera va la vencida: "Defiendo el primer
deber que tengo como hombre, que es exigir mi derecho y el de ustedes".
"Yo mismo no pensé que pudiera resistir tanto tiempo, y lo increíble es
que mientras más tiempo pasa, más me preparo para continuar. No hay
marcha atrás: sólo la libertad podrá detenerme, o mi muerte".

Marleny González, madre de un niño de 8 años y afectada congénitamente
de un riñón, a ratos acaricia la idea de secundarlo en libertad. No
tiene miedo, pero vacila en tanto se sabe la única voz que le queda
ahora a Yamil para no inmolarse al vacío, de espaldas a un mundo que de
todas formas no presta demasiada atención. Comparada con Afganistán,
Israel, Iraq, Colombia, México y otros hot-spots asesinos, este pugilato
entre un hombre rebelde y el statu-quo no amerita ni medio titular:
paradojas de la "Campaña Mediática contra Cuba".

"Toma, lee", me dijo Marleny plagiando sin saberlo a San Agustín,
sentados en la azotea conversable de su laberíntico apartamentico, con
la noche caribe cayendo como un mal augurio sobre el edificio Sierra
Maestra y el Estrecho de la Florida, donde toda esta pesadilla comenzó
en el 2007 o acaso en 1980, cuando cientos de yates como el de Yamil
practicaron el "tráfico de personas" con los aplausos de la venia
oficial. Es dato público que aquel éxodo desatado por la flotilla de
Napoleón Vilaboa se coordinó con Cuba al máximo nivel, y que ningún
patrón fue apresado. Rituales de la Realpolitik.Postal de Yamil a
Marleny por el Día de las Madres. (OLPL)

Hoy se teme a un exilio empoderado a escasos kilómetros de su tierra
natal. En comentarios off-the-record de funcionarios judiciales con la
familia, zarpar desde EE UU fue reconocido como el pecado original
insalvable en esta causa. Se trata de un holocausto de baja intensidad
contra nuestra herencia en la otra orilla: hay más cubanoamericanos
cumpliendo condenas en la Isla, y otros que perecieron durante la
captura. Una grieta en ese muro de mar muerto bastaría para que la
Revolución quedase encuera. Por lo que el proceso kafkiano de Yamil
Domínguez Ramos es garantía de que semejante escenario no se les ocurra
a demasiados cubanos aquí o allá.

Yamil lanza en cartas las últimas bocanadas de su amor: botellazos en
tierra de nadie, porque los cubanos seguimos comiendo cómplicemente y
haciendo el amor en un parque antes que en un pabellón. Sus guardianes
no lo han tapiado como castigo y aún le dan acceso al teléfono. Su tono
al otro lado de la alambrada se va tornando irascible: a ratos siente
que ni su familia hace nada para sumarse a una guerra de un solo
cadáver, y entonces cuelga anunciando que no escucharán más su voz.
Palabras póstumas para un país donde la política ha empedrado el camino
de la impiedad.

Marleny lee la palabra Marleny al inicio de cada cartapacio de jueves.
El 14 de mayo se cumple un mes de esta huelga de hambre donde, a menos
que ocurra un milagro materialista, sucumbirá autofágicamente su hombre.
Semanas atrás, un augurio aciago la llevó a publicar esto en su blog:
"Te hacen sentir que estás en una isla subterránea, donde tus gritos
nadie los escucha, y a ninguna parte llegarás nadando en contra de la
corriente. Sin mencionar ese miedo que se te introduce en los huesos.
Con todo eso se va reduciendo poco a poco nuestra capacidad de creer y
de esperar. Se agota la creatividad y se desvanecen los sueños".

Yo le devuelvo las cartas sin mirarle a la cara (Yamil rompe muchas por
si mañana ya él no las puede custodiar). Siento pudor de saberla una
"flaca bella", la "muñeca preciosa" que un compatriota loves sooo much
desde su cadalso. Si Yamil desiste del ayuno, las represalias
"reeducativas" nadie se las podría evitar. Si perece, le ha pedido a su
madre cremarlo y ser dispersado en su nueva patria adoptiva. Una
tragedia cubanoamericana: novela íntima que ningún cubanólogo ni
estadista leerá (Cuba como Cátedra de Humanidades no los deja ver a los
individuos dentro del aula o jaula).

"No esperen que el tiempo pase en vano, porque es irreversible". Dios y
el Estado pueden jugar a que todo tiempo futuro tiene que ser mejor.
Yamil y Marleny, no. Y esta verdad devasta.

http://www.diariodecuba.net/cuba/81-cuba/1576-hasta-que-el-estado-los-separe.html

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