Torture in Cuba
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La vida en España, una libertad llena de tristeza
José Luis García y Normando Hernández narran a este diario su paso de La
Habana a Madrid

MADRID.— El 18 de marzo de 2003, a las 11 de la noche, José Luis García
Paneque fue detenido por el régimen de Fidel Castro cuando se encontraba
en casa con su mujer. Cirujano plástico de profesión, García Paneque
trabajaba como periodista en Nueva Prensa Cubana y colaboraba con una
emisora de radio de la isla caribeña.

Una máquina de escribir y una grabadora bastaron para que lo acusaran de
conspirar contra Cuba y confabular con Estados Unidos para derrocar al
régimen comunista. Fue condenado a 24 años de cárcel. En esa misma
semana 74 disidentes más también fueron detenidos en la llamada
"Primavera Negra".

Paneque pasó siete años y cuatro meses en nueve prisiones diferentes de
cinco provincias de la isla. Los dos primeros años estuvo en una celda
de aislamiento. "Estaba incomunicado, aislado, en una celda de tres
metros de ancho por cuatro de largo —con una cama, un sanitario y una
ducha— llena de humedades y sin iluminación. A veces me dejaban salir
una hora al día para ver el sol, pero sólo a veces", cuenta este
disidente en entrevista con EL UNIVERSAL.

Paneque recibía cada día la visita del funcionario de prisiones que le
llevaba la comida, pero no le permitían verlo ni hablar con él. Sólo
tenía derecho a una llamada de teléfono vigilada cada mes, una visita de
su familia cada tres meses y un encuentro conyugal cada cinco.

Cuando todo empezó pesaba 86 kilos; ahora, a sus 44 años pesa 48 kilos.
Enfermó de gastritis, sufrió desnutrición y ahora padece mala absorción
intestinal.

"Para no volverme loco y saber cuándo era de día y cuándo de noche
intentaba tener una rutina. Colocaba mis pertenencias en orden una y
otra vez, hacía un poco de ejercicio y me pasaba horas y horas mirando
la rendija por donde metían la comida porque entraban moscas y pajaritos
y me gustaba darles de comer", cuenta.

García Paneque está ahora en Madrid. Dice que ha pasado "del infierno al
paraíso"; asegura que no guarda rencor a sus captores. "Aprendí que el
perdón debe venir de Dios", dice, y reconoce que aunque está muy
contento con su nueva vida no será del todo feliz hasta que no vea libre
a todos los presos políticos de Cuba.

García ha viajado a España con su padre, su esposa, su hermana y su
sobrina de 29 días, gracias a la mediación de la Iglesia católica cubana
y del gobierno español que preside José Luis Rodríguez Zapatero. Y lo ha
hecho acompañado por otros diez disidentes cubanos que, como él, fueron
detenidos en la "Primavera Negra".

Dos horas cada siete meses

Normando Hernández González es uno de esos disidentes que han logrado
dejar la isla. Era miembro del Colegio de Periodistas Independientes de
Camagüey y fue condenado a 25 años de prisión cuando su hija tenía sólo
un año. En los siete que pasó en prisión apenas la pudo ver unas cuantas
horas.

"Me llevaron a una cárcel en Pinar del Río a 700 kilómetros de distancia
de donde yo vivo, de modo que, como en Cuba las comunicaciones son tan
malas, sólo pude verla dos horas cada siete meses", relata a EL UNIVERSAL.

Ahora la niña ha podido por fin conocer a su abuela. "Mi madre vive en
Estados Unidos y en todos estos años el gobierno de Fidel Castro no le
permitió volver, así que ha sido en España donde se han visto por
primera vez", cuenta Hernández. "Y ya te puedes imaginar la emoción. No
se puede contar con palabras. Sólo llorábamos y la niña sólo era capaz
de decir: Papito, ya estamos juntos".

Normando denuncia el acoso que sufrió su hija durante los años que él
pasó en la cárcel. "Los compañeros de clase de mi hija la han vejado,
insultado, golpeado, jalado del pelo. Le dijeron a sus compañeros de
clase que su papá quería poner una bomba en la escuela y matar a todos
los niños. Así que durante todos estos años su eterno compañero ha sido
el sufrimiento". Este disidente cubano denuncia las pésimas condiciones
en las que vivió durante los siete años que pasó en prisión.

"Sin higiene, sin atención sanitaria, rodeados de ratas y excrementos.
Las condiciones de vida allí son infrahumanas. Los funcionarios degradan
al ser humano y lo tratan como animal. Los presos han perdido todo tipo
de esperanza de vida, el miedo, el terror, que les han inculcado desde
siempre los mantiene apáticos", explica, y también denuncia que el mayor
problema de las cárceles es la autoflagelación de los reclusos que han
perdido la esperanza de vida.

"Se inyectan petróleo, se pinchan agujas en la parte oscura de los ojos,
se envuelven en colchones de espuma y se prenden fuego, se sacan los
intestinos y se sacan las piezas dentales con alambres. Y todo lo hacen
para ser atendidos", cuenta. "Yo he visto gente caer al suelo
desangrada. Y lo peor es que los médicos no hacen nada, los desprecian.
Un día vi a un hombre que habían esposado y colgado con los brazos en
cruz y estaba orinándose y defecándose encima. Llevaba así 48 horas y
los guardias decían que eso no era tortura, que lo hacían para que los
internos no se agredieran. Y una persona, cuando se flagela, es porque
está enajenada porque no tiene los cinco sentidos bien", añade.

Prisiones vitrina

Hernández narra que en Cuba también hay "prisiones vitrina" que enseña
al gobierno, "que es muy hábil para engañar a la comunidad
internacional". "Cuando vienen a visitar la isla representantes de
organizaciones de derechos humanos, son las que enseña. Pero no en las
que estábamos nosotros viviendo como no viven ni siquiera los animales",
denuncia.

Sobre su estado de ánimo Hernández coincide con García Paneque. "Estoy
contento, pero triste por haber dejado allí a mis hermanos cubanos. Y no
me siento libre. Me siento prisionero, aunque en menor grado. Es verdad
que vivo en un hostal y puedo viajar a otros países, pero no puedo
volver a mi país, de donde nunca debí haber salido", concluye.

http://www.eluniversal.com.mx/internacional/68803.html

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