Torture in Cuba
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Nuevas tecnologías

La revolución Facebook
Bertrand de la Grange
Madrid 14-02-2011 – 1:30 pm

Las nuevas tecnologías son una herramienta para luchar contra las
dictaduras, pero no son nada si no hay detrás unos valientes que
levanten la voz.

En apenas dieciocho días y sin recurrir a la , los egipcios han
conseguido la renuncia del dirigente más poderoso del mundo árabe, Hosni
Mubarak. Estamos asistiendo a un fenómeno político sin precedentes,
donde la juventud y las nuevas tecnologías asumen un papel preponderante
en la lucha contra las dictaduras. La primera en caer fue la tunecina,
hace menos de un mes, y no se sabe todavía cuál será la siguiente. Para
los egipcios, sin , lo más difícil está por llegar. El déspota se
ha ido, pero el régimen militar sigue en pie y podría no respetar sus
compromisos a favor de una transición democrática para preparar las
primeras elecciones libres en ese país.

Cuando pase la euforia, dentro de pocos días, empezarán las sospechas:
si el Ejército sacrificó a Mubarak para frenar la revolución, si los
Hermanos Musulmanes (islamistas) sacarán provecho de la nueva situación
o si algunos grupos turbios intentarán crear una situación de anarquía
en el país. Llegarán luego las frustraciones ante la lentitud de los
cambios y las enormes dificultades para mejorar la desastrosa situación
económica de la mayoría de los 80 millones de habitantes. Todas las
revoluciones han pasado por esos altibajos y muchas han terminado muy
mal, como la soviética, la cubana, la nicaragüense o, del lado árabe,
las múltiples asonadas supuestamente progresistas, empezando por el
golpe militar de 1952 en Egipto.

A diferencia de esos acontecimientos históricos, todos marcados por la
violencia, a veces extrema, la revolución en marcha en Egipto —también
la tunecina— ha sido esencialmente pacífica. Han muerto unas 300
personas, es cierto, pero casi todas fueron víctimas de la represión
desatada por el poder contra opositores que sabían mucho de y
nada de armas. Si los activistas hubieran recurrido a la violencia, el
Ejército hubiera tenido un excelente pretexto para arrasar con todo en
la plaza Tahrir.

La historia del cibermilitante Wael Ghonim, de 30 años, ilustra la
importancia de esos nuevos actores que hacen temblar las dictaduras
árabes. A pesar de su alto cargo en la oficina de Google para Oriente
Medio, con sede en los Emiratos, Wael fue secuestrado en plena calle a
finales de enero por la policía secreta egipcia. Habían descubierto que,
bajo el seudónimo de el shahid (mártir), ese egipcio había creado un
perfil de Facebook para convocar, con mucho éxito, a manifestaciones
contra la dictadura. Además, administraba una página en honor de Jaled
Said, un joven asesinado por la policía en junio pasado en
Alejandría.

Vale la pena ver la entrevista muy emotiva que Wael ha dado al canal
privado egipcio Dream 2. Le invade la emoción y llora cuando recuerda
los doce días pasados con los ojos vendados —”no fui torturado”,
asegura— en un lugar desconocido, donde recibió la visita de varios
oficiales de la Seguridad del Estado. “Estaban totalmente convencidos de
que éramos traidores, que recibíamos órdenes de fuera, que nos habían
lavado el cerebro o que nos pagaban”. Les explicó que tanto él como sus
amigos actuaban por convicción y por “amor a Egipto”. “Luchamos por
nuestros derechos y por nuestro país. Al inicio no me creyeron, pero al
final sí”. Y lo soltaron.

Los argumentos de los policías egipcios son similares a los que esgrimen
las autoridades cubanas para descalificar a los disidentes, que sólo
pueden ser “traidores” y “mercenarios”. No es casualidad. En las
dictaduras no hay espacio para una oposición digna y patriótica. Sólo
que Cuba está a años luz del mundo árabe en el uso de internet y el
castrismo ha dejado claro que hace todo lo posible para no ceder este
terreno a sus adversarios. Como lo demuestra un video atribuido a la
contrainteligencia castrista que circula por internet, el régimen cubano
dedica muchos esfuerzos a sabotear y denigrar el trabajo de los
blogueros independientes.

Es, sin embargo, una batalla perdida, porque las nuevas tecnologías
rompen cada día más barreras. Por eso los saltos de alegría de la cubana
Yoani Sánchez vía twitter cuando supo que Mubarak, por fin, se había
rendido ante un movimiento popular iniciado por la generación Facebook.
Ahora sí, tenemos la prueba de que las nuevas tecnologías son unas
herramientas para luchar contra las dictaduras. Pero no son nada si no
hay detrás unos valientes que se atreven a levantar la voz y a exigir la
jubilación de sus ancianos dictadores.

http://www.diariodecuba.com/opinion/3114-la-revolucion-facebook

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