Torture in Cuba
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Un esfuerzo de imaginación

Joaquín Gómez Capdevila | Ostende | 24 Mar 2013 – 5:03 am.

Chávez, Payá, Cepero y Pollán han muerto. Los últimos sucesos en

traen cambios a Cuba: nuevas medidas liberalizadoras y nuevas

medidas represivas.

El comportamiento del gobierno venezolano en los últimos tiempos lo

decía todo. La ocultación del líder y la gestión del caos, el puente

aéreo La Habana-Caracas, el silencio y aún más las declaraciones: todo

hablaba de un capitán que agonizaba y un barco que hacía aguas. El

empeño en aparentar lo contrario no hacía más que reforzar lo evidente:

se moría el hombre de los cien mil barriles diarios de petróleo a Cuba.

Un atributo sin el cual el socialismo del siglo XXI, la utopía

continental bolivariana y el propio chavismo parecen condenados a

navegar al pairo.

Aunque estrechamente relacionadas, una cosa es el chavismo y otra el

proyecto bolivariano. Una cosa es la administración de un Estado con

magníficas rentas petroleras, que han sido redistribuidas aplicando

políticas sociales populistas, sin el calado estructural necesario para

generar desarrollo y propiciando el surgimiento de una nueva élite

política, militar y empresarial; y otra cosa es la subvención de un

proyecto utópico con vocación universal, centrado en un discurso

historicista y antiimperialista. En fin, una cosa es el futuro de las

Misiones Barrio Adentro y el destino de los boliburgueses, y otra la

suerte de Petrocaribe y el ALBA.

En ausencia del líder y en medio de una situación económica compleja, el

entramado de intereses nacionales creados por el chavismo tendrá que

gestionar su supervivencia. La cuestión es si podrá hacerlo sin afectar

a esa otra red de intereses regionales, creada por unas alianzas que

dependen más del combustible fósil que de su fidelidad a un proyecto

ideológico fosilizado. Ahora muchos se preguntan qué futuro les espera

a estos engendros políticos creados por un caudillo irremplazable.

Después de designar a un sucesor y ponerse en manos de los poderes

mágicos de La Habana, el de Sabaneta desapareció del aire, y desde

entonces la restructuración de la cúpula chavista trae de cabeza a los

castros, los cabellos y los maduros. La escena es patética y abundan las

mentiras, manipulaciones y melodramas. Todo envuelto en un culto a la

personalidad tan grotesco, como delirantes los discursos del nuevo

liderazgo. Se trata de un escenario previsto en el plan B de burro;

diseñado en La Habana para mantener a salvo ese gran proyecto

bolivariano que, paradójicamente, podría morir a manos del propio chavismo.

Cuba, la campeona de la soberanía, ha estado moviendo los hilos del

poder venezolano de una forma que escandalizaría a medio mundo si tamaña

injerencia se produjera, por ejemplo, entre EE UU y un tercer país. El

poder ejecutivo, el ejército, los servicios secretos, todas las

administraciones sensibles están repletas de asesores cubanos; pero el

futuro de la llamada Cubazuela está pendiente de que los nuevos jefes

del chavismo profesen la misma fe del líder. Una fe ciega en la

simbiosis de ambos Estados, como única forma de vida de unos gobiernos

incapaces de subsistir sin los recursos del otro, ya sea el petróleo, o

esa presunta legitimidad que confiere la unión simbólica con una mítica

revolución socialista. Una legitimidad que adquiere un halo sagrado,

tras el que se esconde el know how del gobierno cubano para convertirse

en proyecto político hegemónico, reducir a cero a los adversarios y

perpetuarse en el poder.

Cuba aporta esto último al proyecto bolivariano y, a cambio, obtiene los

cien mil barriles de marras. El carisma, la oratoria y la misión

histórica del comandante no habrían pasado de ser atributos

anecdóticos sin el combustible que destinaba para mantener a flote la

colapsada economía de una reliquia del mundo bipolar. Una isla que,

gracias a su conflicto de medio siglo con el Imperio, ha labrado una

reputación, un discurso y una supuesta superioridad moral que transfería

a su mecenas en forma de un poder intangible que complementaba su

estrategia de poder duro en la región.

Un cambio que no ha hecho más que comenzar

Sin una conciencia clara del fatal desenlace de esta historia, en Cuba

no se habrían tomado esas medidas que ahora suponen ciertas molestias al

régimen, y que han abierto la puerta a un incipiente cuestionamiento de

su autoridad (con el Hombre en Miralbueno, no andaría tanto "escuálido"

insular viajando por el mundo, conferenciando sobre derechos y

democracia). A pesar del oscurantismo, era evidente que algo muy gordo

estaba sucediendo y el nerviosismo delataba la llegada de nuevos

tiempos: un cambio que no ha hecho más que comenzar, en el que también

ha sido decisivo el papel de la sociedad civil cubana, y que parece

inevitable si el régimen cubano no apela al recurso de ejercer una

cada vez mayor.

Precisamente, nuevas manifestaciones de esta violencia vienen

detectándose desde que se empezó a tratar la enfermedad del mandatario

venezolano en La Habana en 2011. Si en junio este era operado de un

"absceso pélvico" en un exclusivo de La Habana, en octubre y en

otro hospital bien distinto, moría Laura Pollán, reconocida opositora,

líder de las , movimiento que ostenta el Premio Sajarov

del Parlamento Europeo. Aunque su muerte, según el parte oficial, se

debió a un paro cardíaco luego de una insuficiencia respiratoria, son

varias las voces que manifiestan sus dudas y hacen caer sobre el

Gobierno cubano la sospecha de haber propiciado un repentino e

inexplicable deterioro de su . Las sospechas sobre la "inoculación

del cáncer" manifestadas por Maduro no son otra cosa que ideas

inoculadas por quienes históricamente han solucionado sus problemas por

macabras vías.

Al mismo tiempo, el Gobierno ha llevado adelante un asedio de baja

intensidad a los grupos de opositores y miembros de la incipiente y

crítica sociedad civil. En vez de juicios y condenas como las de antes,

a estos luchadores por los derechos humanos se les organizan actos de

repudio en los que "el pueblo" les insulta y les agrede. Por su parte,

las fuerzas represoras los detienen y los mantienen incomunicados por

unos días para amedrentarlos con amenazas y golpizas, o para impedir que

realicen ciertas actividades, pero sin presentar cargos ni dejar

constancia de estos actos. Sin , la Comisión Cubana de Derechos

Humanos y Reconciliación Nacional tiene registrado estos casos y desde

entonces viene alertando a la comunidad internacional del peligro de

estas acciones, que ponen en evidencia a unas autoridades cuyo temor

crece con los días ante la ineficacia de sus escarmientos.

El último indicio de esta desesperación que engendra nuevas formas de

violencia, se puede encontrar en los hechos que rodean al sospechoso

incidente en el que murieron Oswaldo Payá y Harold Cepero, más conocido

como caso Carromero. El líder del Movimiento Cristiano Liberación, y

también Premio Sajarov, moría luego de un supuesto en

carretera, cuya responsabilidad hizo caer el gobierno cubano en el

conductor del vehículo, el político español Ángel Carromero. La

instrucción del caso, el juicio y el acuerdo al que llegaron las

autoridades cubanas y españolas, dejan abiertas muchas interrogantes

que, a pesar de compartir una lógica propia de teorías conspirativas,

también encierran buena cantidad de dudas razonables que deberían

despejarse desde una lógica imparcial, es decir, mediante una

investigación internacional.

Tampoco en este caso hacía falta una fantasía desbordada para entrever

lo que podría ser otro asesinato político, tal y como ha venido

denunciando la familia de Oswaldo Payá. Y por si quedaba margen de

dudas, finalmente ocurrió lo que muchos suponían: Ángel Carromero

concedió una entrevista a The Washington Post, y contó la versión que la

policía política le hizo callar con amenazas, narcóticos y tortura

psicológica. Una versión que contradice a la que "oficialmente" elaboró

el régimen totalitario cubano y que cuenta con el visto bueno del

gobierno español. Una versión de los hechos que podría cuestionar la

versión oficial, si se llegasen a practicar unas debidas diligencias de

las cuales el gobierno de España se desentiende, en un ejercicio que

deshonra las instituciones de un Estado democrático y de derecho.

Descorridos los velos del poder en Venezuela y Cuba, y visto el

espectáculo de sus miserias, queda poco margen para seguir jugando a la

mentira, a la momificación y al ilusionismo barato. El espacio de

maniobra se reduce en un mundo en el que ya no funcionan las estrategias

de perpetuación en el poder de regímenes sátrapas y totalitarios; un

mundo que se vuelve cada vez más complejo de gobernar, incluso al

interior de las propias democracias. Se acorta el espacio-tiempo de las

dictaduras y otras formas de gobierno personalistas propias de una

cultura política caciquil y autocrática. Mucho más ahora, que la región

latinoamericana, empieza a cobrar protagonismo en la gobernabilidad de

un mundo que plantea nuevos desafíos, a los que busca soluciones

creativas cada vez más alejadas de dogmatismos ideológicos y prácticas

antidemocráticas, centrada en su desarrollo y su bienestar.

El necesario esfuerzo de imaginación que este momento reclama es el de

pensar, diseñar y visualizar el futuro de estos países; y el de

construir el relato de esa visión de manera que la comunidad

internacional perciba y entienda la importancia de implicarse en la

recuperación de la normalidad de estas sociedades. Una labor

trascendental para el futuro de la gobernabilidad democrática en la

región, que recae en los propios cubanos y venezolanos, pero que

necesita de la ayuda de otros actores involucrados en la región. De

momento, el gobierno español, inmerso como está en sus diversas crisis,

parece no darse cuenta de lo que pasa ni de cómo reaccionar. Si piensa

promocionar la "marca España" comportándose como el avestruz en casos y

momentos como estos, le sucederá lo que le ha enseñado la historia y

parece no acabar de comprender: que la lengua, la cultura y la historia

compartidas no forjan vínculos eternos y absolutos, mucho menos cuando

los pueblos se deciden a buscar y conquistar su libertad.

http://www.diariodecuba.com/cuba/1364097820_2315.html

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