Torture in Cuba
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¿Qué fueron las UMAP?
ANTONIO JOSÉ PONTE | Madrid | 23 Feb 2014 – 9:38 am.

Trabajos forzados, reeducación política, tratamiento de la
homosexualidad como enfermedad, instrumento para la modernización del
ejército… Joseph Tahbaz ha publicado un estudio enjundioso sobre el tema.

La pregunta del título podría aparecer también en tiempo presente, y no
porque las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) se
encuentren en funcionamiento, sino porque este tema constituye deuda
pendiente.

El presente sería entonces el de las interrogantes que esperan por
contestación: ¿Qué son las UMAP?

Joseph Tahbaz ha publicado en una revista especializada la aproximación
más completa que conozco sobre el tema: “Demystifying las UMAP: The
Politics of Sugar, Gender, and Religion in 1960s Cuba”.

Tahbaz nació y creció en Miami. De madre cubana y padre iraní, él se
identifica como cubanoamericano. Tiene 20 años y asiste a Dartmouth
College (New Hampshire), donde estudia Historia. Fue allí, en una clase
de Historia del Caribe de su primer año universitario, cuando oyó
mencionar las UMAP, le sorprendió no tener noticias previas y, decidido
a investigar, descubrió que apenas podía hallarse información.

Supo pronto que el tema resultaba incómodo para políticas de distintos
signos. “Por un lado, a los de derecha le gusta hablar sobre la
represión en Cuba, pero no les gusta hablar sobre los derechos de los
homosexuales. Mientras que a los de izquierda les encanta hablar sobre
los derechos de los homosexuales, pero evitan hablar de los problemas en
Cuba. Y parece ser que entre este cisma ideológico y el estigma contra
la homosexualidad, la historia de las UMAP casi ha sido olvidada.”

Dentro de las UMAP

Según Tahbaz, las UMAP fueron campos de trabajo forzado establecidos en
la provincia de Camagüey, en funciones entre noviembre de 1965 y julio
de 1968. Dos años antes de que fueran internados los primeros reclusos
había sido aprobada la Ley 1129 de Servicio Militar Obligatorio, que
serviría como justificación oficial: se alegó que allá iban quienes no
podían cumplir el servicio militar regular.

Un estimado hecho por dos antiguos agentes de la inteligencia cubana
eleva a 35.000 el número de reclusos. La mayoría, religiosos y
homosexuales. Religiosos de diversos credos: Testigos de Jehová,
abakuás, adventistas del Séptimo Día, católicos, bautistas, metodistas,
pentecostales, episcopalianos, santeros, gedeonistas.

Joseph Tahbaz ha compilado un catálogo de reclusos: universitarios
ideológicamente inconformes, sacerdotes, artistas, intelectuales,
hippies, marihuaneros, drogadictos, prisioneros políticos, funcionarios
acusados de corrupción, emigrantes potenciales, criminales, chulos,
campesinos reacios a la colectivización de las tierras, vagos,
trabajadores ilegales por cuenta propia… De ellos, se ocupa
detalladamente de los Testigos de Jehová, los adventistas del Séptimo
Día, los abakuás y los homosexuales.

Los antiguos reclusos que entrevistara le negaron que hubiese mujeres en
las UMAP, aunque varios autores —Lillian Guerra, Louis Garinger y José
Conesa Martínez— sostienen la presencia allí de prostitutas y lesbianas,
y cabe la posibilidad de que estuviesen confinadas en campos de los
cuales aquellos reclusos no tuvieran noticia.

Eran los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) los encargados de
facilitar candidatos, y podía ser internado cualquiera que fuese
considerado “antisocial ” o “contrarrevolucionario”. Tahbaz apunta que
las UMAP no se mantuvieron en secreto: Fidel Castro las mencionó en un
discurso de 1966, y al menos una docena de artículos publicados en la
prensa cubana entre 1966 y 1967 dieron cuenta de su existencia. Sin
embargo, discurso y artículos ocultaron la verdadera naturaleza de
aquellos campos: llegaron a publicarse entrevistas con reclusos llenos
de entusiasmo por el trabajo que hacían.

En su estudio, Joseph Tabahz expone el procedimiento seguido para la
recogida, transportación y llegada, así como la composición, régimen y
dimensiones de los campos. Los reclusos trabajaban largas jornadas en la
agricultura de lunes a sábado (desde el amanecer hasta el anochecer
durante la zafra azucarera), se les negaba la comida en el caso de que
no cumplieran las cuotas de producción, recibían el mismo pago de los
movilizados por el Servicio Militar Obligatorio (7 pesos) y tenían
libres aquellos domingos en que no fuese programado trabajo voluntario.

Los campamentos ostentaban nombres como “Viet Nam Heroico”, “Mártires de
Girón” y “Héroes del Granma”. En cada uno, el político a cargo se
ocupaba de la reeducación de los reclusos, y las sesiones de
concientización solían ser más largas los domingos. En ocasiones, sobre
todo cuando recibían permiso de visita, los hacían marchar vestidos de
uniforme. Seguramente con el fin de hacer creíble la versión de que
aquello era una suerte de servicio militar.

Hubo, según afirma Tahbaz, toda variedad de trato por parte de los
guardas, desde el abuso hasta la compasión. Pero quienes recibieron el
peor fueron, indudablemente, los Testigos de Jehová. Golpeados, pasados
por falsas ejecuciones, enterrados hasta el cuello, atados desnudos con
alambre de púas sin comida ni agua, hundidos en la mierda de las
letrinas, colgados por los brazos del asta de la bandera… No les
permitían recibir visitas o correspondencia, y no gozaban de pase. Y
entre las posibles causas de esa especialización del escarnio menciona
Tahbaz las conexiones de su credo con los EEUU y el apoliticismo
remarcado del que esos religiosos daban muestras.

¿Creadas para qué?

Sin descartar el celo ideológico y la intransigencia política que dieran
lugar a la creación de las UMAP, Tahbaz estudia otros factores, de
carácter económico y empresarial, relativamente desatendidos por quienes
se han acercado a este tema.

Las creación de las UMAP fue, a juicio suyo, un “movimiento altamente
estratégico por parte de los militares cubanos”, que permitió alcanzar
tres objetivos esenciales para la conversión del ejército en una
institución profesional: neutralización de potenciales
contrarrevolucionarios, creación de puestos para personal militar que no
cumplía con los estándares de la modernización del ejército, y formación
de una fuerza laboral que ayudara a reducir los costos de las
numerosísimas fuerzas armadas.

De manera que no solo los reclusos estaban allí por apartarse de ciertas
normas, sino también los guardas.

“La función vital de las UMAP no era matar civiles, sino aprovechar la
fuerza laboral de las ‘lacras sociales’, sin preocupación alguna por su
costo humano”, resume Tahbaz. Como su estudio puntualiza, en la Cuba de
los años 60 el trabajo impagado era la norma, no la excepción. Existía
una creciente falta de brazos para el trabajo agrícola y se hicieron
imprescindibles las movilizaciones “voluntarias” y la utilización en
esas tareas de soldados y de presos políticos. La apuesta por el azúcar,
que tendría su apogeo en 1970, obligó a buscar fuerza de trabajo
desesperadamente. Un artículo publicado en 1967 en Verde Olivo, revista
de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), bajo el título “¿Qué es la
UMAP?”, preguntaba cómo resolver el problema de la escasez de brazos
para la zafra.

La respuesta estaba, evidentemente, en esos campos de trabajo forzado.

¡A erradicar la homosexualidad!

Las UMAP constituyeron parte de una política sanitaria de erradicación
de la homosexualidad, entendida como enfermedad prevenible. Joseph
Tahbaz cita un informe del ministro de Salud Pública que, en 1965,
llamaba a la prevención temprana de esos casos. Cita también un artículo
del Dr. Eduardo Gutiérrez Agramonte, director de la Revista del Hospital
Psiquiátrico, que abogaba por tratamientos de la homosexualidad a base
de descargas eléctricas y hormonas.

Investigadores de la Universidad de La Habana fueron enviados a las UMAP
para estudiar la “rehabilitación” de homosexuales. Tahbaz cita el
siguiente testimonio del dramaturgo Héctor Santiago: “A veces te dejaban
sin agua y sin comida durante tres días mientras te mostraban fotos de
hombres desnudos, y luego te daban comida y te mostraban fotos de
mujeres. Si no eras diabético y te inyectaban insulina, entrabas en
shock, te orinabas, te defecabas, vomitabas… Descargas eléctricas…
Perdías la memoria, y dos o tres días después no sabías quién eras,
estabas catatónico y no conseguías hablar”.

El tratamiento se repetía una y otra vez hasta que los investigadores
confirmaran, mediante interrogatorio, la rehabilitación del recluso
paciente. Sin embargo, medio año después de iniciarlos, las autoridades
suspendieron esos tratamientos, en vista de la inefectividad demostrada.

Pese a todo lo anterior, Tahbaz considera que aquellos historiadores que
caracterizan las UMAP como el ejemplo extremo de una política de
represión contra los homosexuales no alcanzan a describir completamente
lo que fueron esos campos. Porque la política de represión del Estado
abarcaba, no solo a los homosexuales, sino a toda la población cubana.

“En lugar de explicar la historia de las UMAP, muchos han tratado de
defender a la revolución cubana con respecto a este tema, como si fuera
la excepción de una revolución magnánima”, opina Tahbaz. “Sin embargo,
lo que he encontrado es que las UMAP no fueron ninguna excepción, sino
una parte clave de las metas y la política de la revolución cubana.”

¿Campos de concentración o no?

De los 35.000 reclusos, 500 terminaron bajo cuidados psiquiátricos, 180
eligieron el suicidio y 70 murieron por torturas. No obstante, las UMAP
no podrían catalogarse como campos de exterminio, pues allí no se
buscaba expresamente la muerte de los reclusos. Tahbaz niega que fueran
campos de concentración, y su argumentación en este punto resulta
bastante débil.

En un volumen dedicado a los campos de concentración soviéticos —Gulag.
A History (la traducción al español, Gulag. Historia de los campos de
concentración soviéticos, cuenta con varias reediciones)— Anne Applebaum
traza una genealogía de los campos de concentración que se inicia en la
Cuba colonial, durante la campaña de reconcentración ordenada por
Weyler, pasa luego por la guerra anglo-bóer, por la colonización alemana
de África, y desemboca en el Tercer Reich y en la Unión Soviética. (Otra
posible genealogía sitúa el origen de los campos de concentración, no en
la Cuba del siglo XIX, sino en la Polonia del siglo anterior, cuando los
rusos aplastaron el levantamiento de nobles confederados en la fortaleza
de Bar.)

Abiertos en distintas épocas y países, todos los campos de concentración
enumerados por Applebaum terminan unidos por esta formulación de base
jurídica: “Entiendo por campos de concentración aquellos construidos
para recluir a personas no lo por lo que hayan hecho, sino por ser
quienes son. A diferencia de los campos para delincuentes comunes o para
prisioneros de guerra, los campos de concentración fueron edificados
para una categoría peculiar de prisionero civil no criminal, el miembro
de un grupo ‘enemigo’, o en todo caso de una categoría de personas que,
por razones de su raza o presunta posición política, era considerada
extremadamente peligrosa o prescindible para la sociedad”.

Aceptada esta fórmula, un campo de concentración puede incluir más o
menos respeto por la vida de los recluidos, pero eso no cambiará su
carácter. Y tampoco lo cambiarán los objetivos económicos que persiga o
la reeducación a la que sean sometidos los reclusos: seguirá siendo un
campo de concentración.

Las UMAP podrían entenderse, creo, como campos de concentración donde
fue impuesto un régimen de trabajo forzado (como en el archipiélago
Gulag) y un régimen de reeducación política, a la manera china bajo Mao
Tse Tung. (Frank Dikötter se ocupa de esta última modalidad en su recién
aparecido The Tragedy of Liberation: A History of the Chinese
Revolution, 1945-1957.) A lo que habría que agregar una particularidad
más, por breve que haya sido en la práctica: la experimentación médica
en busca de “rehabilitación” para los homosexuales.

Historia por hacer

Recientemente, el investigador Abel Sierra Madero recordaba una promesa
hecha hace más de tres años por Mariela Castro Espín. La directora del
Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) anunciaba entonces una
investigación en marcha sobre las UMAP y, en realidad, le daba largas al
asunto. Pues hasta ahora no ha aparecido artículo o resultado alguno de
esa investigación.

“La historia de este período está por hacerse, aunque ya ha empezado a
escribirse”, afirmaba Sierra Madero, con la esperanza puesta lejos de
los predios del CENESEX.

Sin dudas que el trabajo publicado por Joseph Tahbaz es un ejemplo
notable de esa empresa intelectual. “Todavía queda mucho que decir sobre
las UMAP”, me ha comentado él. Para agregar: “Ojalá que mi artículo
contribuya a pensar el impacto de esos campos, y ojalá inspire a más
exconfinados a compartir sus experiencias”.

Joseph Tahbaz, “Demystifying las UMAP: The Politics of Sugar, Gender,
and Religion in 1960s Cuba”, en Delaware Review of Latin American
Studies, vol. 14, no. 2, December 31, 2013.

Source: ¿Qué fueron las UMAP? | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1393116891_7285.html

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