Torture in Cuba
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Presos Políticos, Represión, Disidentes

La represión continúa
Aunque cambien las tácticas y las normas a la hora de acallar cualquier
opinión contraria, el Estado mantiene sin cambio su capacidad de
infundir el terror
Redacción CE, Madrid | 02/07/2014 11:42 am

El régimen cubano ha tratado durante décadas de cambiar las reglas,
cuando se destacan las diferencias que existen a la hora de condenar a
una persona por un supuesto delito de opinión y el expediente de
colaborar con el enemigo. Pero durante ese tiempo ha mantenido una
constante: no permitir la menor oposición o disidencia de cualquier
tipo, por pacífica que sea.
La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional
(CCDHRN) denunció el martes al menos 963 detenciones por motivos
políticos durante el pasado mes de junio en la Isla.
En su informe mensual, la Comisión refirió los casos concretos de
opositores como los periodistas independientes Guillermo Fariñas y
Roberto de Jesús Guerra, y de los expresos José Daniel Ferrer García y
Jorge Luís García Pérez (Antúnez), este último detenido junto a su
esposa Yris Tamara Pérez Aguilera.
Los métodos varían; los objetivos son los mismos.
En el caso de Roberto de Jesús Guerra —como en su momento informó
CUBAENCUENTRO— el informe sostiene que fue “brutalmente agredido bajo el
manto de la impunidad” por “un individuo vestido de civil”, en plena vía
pública.
Con Fariñas se utilizó otro método. La CCDHRN señala que Fariñas,
residente en la ciudad de Villa Clara, fue detenido casi cada lunes de
junio, al igual que en los meses anteriores, “para impedir reuniones
programadas de su organización” y denuncia que fue “sometido, en casi
todas las ocasiones, al procedimiento de tortura mediante confinamiento
bajo temperaturas extremadamente frías”.
Al mismo tiempo, continuaron las “agresiones físicas y otras formas de
intimidación” contra las integrantes del movimiento de las Damas de
Blanco, y que los miembros de la Red Cubana de Comunicadores
Comunitarios, que dirige la expresa política Marta Beatriz Roque, han
sido objeto de “detenciones sistemáticas y otras formas de hostigamiento”.
En este balance, la Comisión opositora considera que “la represión
política contra los pacíficos disidentes u opositores políticos se
mantuvo, mas allá de pequeñas variaciones de importancia puramente
estadística”.
El informe muestra una disminución en el número de arrestos en el mes de
junio, del 8,5 %, con respecto al mes de enero. Pero, por otra parte, la
cifra es superior a la del mes de abril, donde se produjeron 905
detenciones.
Estas son las cifras de arrestados durante este año, de acuerdo a la
CCDHRN: enero, 1.052; febrero, 1.051; marzo: 813; abril, 905; mayo:
1.120; junio, 963.
El gobierno cubano considera a los disidentes “contrarrevolucionarios” y
“mercenarios” al servicio de Estados Unidos.
Es lógico pensar en acciones de espionaje, terrorismo y sabotaje cuando
se habla de “colaborar con el enemigo”. No en el caso cubano. Para el
régimen de La Habana, esta colaboración puede ser un acto tan simple
como expresar una opinión en público o que unas mujeres vestidas de
blanco realicen una caminata alrededor de una iglesia.
Para la Plaza de la Revolución, la cuestión es bien simple. Como en
cualquier sociedad, el gobierno de la Isla se encarga de definir lo que
es un delito, y lo que disgusta a sus funcionarios es que alguien en
cualquier lugar del mundo se cuestione esa definición.
El problema con este criterio es que se elabora con una constante
referencia a una “guerra terrible con una potencia nuclear”, cuando en
realidad desde hace muchos años, en el diferendo entre Cuba y Estados
Unidos, se puede hablar de la hostilidad de Washington mantenida en
ciertas acciones, normas y leyes, pero no de acciones bélicas.
Esto no lo reconocen los gobernantes de La Habana con palabras, pero sí
con actos. Difícil comprender que una nación está en guerra con otra y
al mismo tiempo le compra alimentos a su enemigo, agasaja a los
legisladores del bando contrario y celebra subastas de tabacos donde los
principales invitados y compradores no vienen de una trinchera sino
viajan cómodamente al país anfitrión.
Una guerra sin disparos y ataques mortíferos, sin cañones y acorazados.
Una contienda donde los únicos “barcos enemigos” que entran en aguas
cubanas traen mercancías que se cargan en los puertos de la nación
agresora. Cuba está en una “guerra”, dicen quienes gobiernan la Isla, y
no le queda más remedio que encarcelar a los “agentes” que luchan en
favor del otro lado.
Sin embargo, un buen número de disidentes cubanos han cumplido largas
condenas o son encarcelados temporalmente y amenazados todos los meses
por el sólo “delito” de divulgar análisis políticos y noticiosos y
buscar cambios pacíficos en la Isla.
El gobierno cubano comete un error, cuando confía en la eficiencia
probada de su mecanismo de represión preventiva para dilatar la solución
?o al menos el mejoramiento? del problema de las sistemáticas
violaciones a los derechos humanos.
Lo que es una victoria de la censura se traduce en una derrota de la
creatividad, en el sentido más amplio de ambos términos.
Desde hace mucho tiempo los disidentes luchan frente a dos enemigos
poderosos: la represión y la inercia. Por décadas el régimen ha
alimentado la ausencia de futuro en la población como el medio ideal
para alimentar la fatalidad, el cruzarse de brazos y la espera ante lo
inevitable. Pero si estas actitudes influyen negativamente en las
posibilidades de un cambio democrático, también afectan a la capacidad
de la nación para resolver sus problemas por medios propios.
Uno de los argumentos más repetidos por el gobierno cubano y sus
seguidores es que “No hay una sola familia cubana que en los últimos 50
años llore a un familiar desaparecido, no hay una sola que llore a un
familiar asesinado extrajudicialmente, no hay una sola denunciando trato
inhumano degradante, torturas como las que se aplicaron en otros países
de América Latina”. Estas palabras las pronunció el excanciller Pérez
Roque en un foro internacional, el mismo que años después sería separado
de forma abrupta del gabinete cubano, sin necesidad de muchas
explicaciones al respecto, salvo el dictado casi bíblico de Fidel Castro
sobre la predilección por las “mieles del poder”. Pero no importa si lo
diga un funcionario u otro. No se trata más que de máquinas repetidoras
que no se apartan una palabra del guión dictado desde la Plaza de la
Revolución.
La afirmación tiene una porción de verdad, en el sentido de que no hay
un historial de desapariciones y barbarie similar al que arrastran
diversas dictaduras latinoamericanas. No quiere decir que el régimen
esté libre de culpas, como se recuerda en estos días, a punto de
cumplirse 20 años de la barbarie ocurrida con el remolcador 13 de Marzo,
cuando 41 personas, incluidos niños y mujeres, murieron en un intento de
abandonar el país. Y eso para solo recordar un hecho que vuelve a
figurar en las páginas de los periódicos
La comparación con lo que pasó durante las sangrientas dictaduras
latinoamericanas no absuelve al gobierno de La Habana de su historial
represivo. Es más, lo que en otros países es pasado, en Cuba es presente.
En la Isla se practica una represión sin tregua, aunque las largas
condenas han sido sustituidas por breves arrestos preventivos.
Por otra parte, la referencia a las desapariciones tiene cierta
dualidad, ya que busca tanto la absolución como el destacar la
eficiencia de la maquinaria represiva cubana. Esta le ha permitido
prescindir de acciones que tanta “mala fama” acumulan sobre los
violadores. Pero aunque se puede especular sobre la existencia de otras
formas de “desaparición” en la Isla ?incluso más allá de fusilamientos,
juicios sumarios, condenas excesivas y encarcelamientos sin la
celebración de un proceso penal, para citar algunos de los hechos
ocurridos desde el establecimiento del régimen aún imperante en la
Isla?, hay un elemento importante a destacar: la diferencia entre
recurrir al delito y la marginalidad para impedir un cambio de gobierno
y el establecimiento de un sistema que modifica las leyes y normas con
el objetivo de perpetuarse.
Estas modificaciones son fundamentalmente en diversas esferas de la vida
cotidiana, desde ciertas actividades económicas hasta las acciones
represivas contra la libertad creadora o la discriminación de ciertos
sectores poblacionales.
Lo que en otra época fue delito en Cuba, ahora es permitido. Pero en
esencia, la capacidad o el derecho a expresar el deseo de cambiar
ciertos aspectos de la sociedad o la sociedad y el gobierno en su
conjunto sigue siendo tan refrenado en la Isla como cuando esta
persecución se vestía del ropaje de la lucha de clases.

Source: La represión continúa – Noticias – Cuba – Cuba Encuentro -
http://www.cubaencuentro.com/cuba/noticias/la-represion-continua-318931

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