Torture in Cuba
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El Infierno de partirse el femur en La Habana
[24-02-2015 17:38:17]
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente

(www.miscelaneasdecuba.net). La Habana.- ¡Ayúdenme por favor! Grita
Eduardo, de dolor. Le cortaron la cabeza del fémur, le colocaron una
prótesis equivocada, que le erosiona el hueso de la cadera. Es
el infierno que vive desde que lo ingresaron en el hospital ortópedico
Fructuoso Rodríguez de La Habana.
Visité a Eduardo Sainz Fernández en su casa de la Calle 10, número 419
del Vedado habanero. Lo encontré en una silla de ruedas, con el rostro
crispado de dolor y sumido en total abandono. Comenzó a narrarme sus
desgracias en la “potencia médica” cubana.

“En marzo del año pasado tuve una caída y sufrí una fractura del fémur.
Me condujeron al Hospital Fructuoso Rodríguez. Yo no quería ir allí,
pero me dijeron que era donde me tocaba. De inicio hablaron de pasarme
dos tornillos, que es el procedimiento habitual en esos casos. Ocho
especialistas me han confirmado después que de ese modo yo hubiera
resuelto mi problema perfectamente”.

“Pero comenté que pensaba viajar al extranjero para atenderme la salud.
Entonces el doctor Zayas me dijo que no podían conformarse con pasarme
los tornillos. ‘Van a decir que en Cuba somos indios con levita’, me
comentó. Por eso decidió cortarme la cabeza del fémur y colocarme una
prótesis”.

“Yo estaba renuente a permitirle que hicieran ese experimento conmigo,
porque para colmo mi organismo tiende a hacer rechazo, así que no firmé
el papel que me trajeron. Pero el tiempo pasaba y no me operaban. Al
cabo de once días les dije: ¡Hagan conmigo lo que quieran, pero sáquenme
ya de esta tortura! ¡En mala hora le di mi consentimiento!”.

“Desde el comienzo todo estuvo mal. ¿Se imagina un salón de operaciones
donde haya gente comiendo y que las moscas se le posen a uno encima!?
Eso me pasó en el Fructuoso Rodríguez. Les advertí que yo no admitía una
raquídea, pero un aprendiz de enfermero me dio treinta pinchazos en la
columna. Por fin vino la Jefa y autorizó que me pusieran anestesia
general. Siempre salí perdiendo, porque al entubarme me partieron un
diente y me desprendieron una prótesis”.

Eduardo continúa: “Lo que he pasado después de la operación no se lo
deseo ni a mi peor enemigo. No tengo familia, así que estaba sin
acompañante. Tampoco contaba con dinero para darle a un enfermero los
cinco dólares que me pidió por cumplir con su deber. El maltrato fue
total. Me decían que me ponían un medicamento y era mentira; lo cogían
para llevárselo”.

“Al cabo de varias semanas no pude aguantar más. Pedí una silla de
ruedas. En cuanto me la dieron, me senté en ella desnudo, me tapé con
una sábana y huí del hospital. A los custodios les dije que iba a
hacerme una radiografía y así pude escaparme. Era media mañana. En esas
condiciones recorrí kilómetro y medio hasta llegar al Ministerio de
Salud Pública”.

“En la recepción pedí ver al Ministro y me contestaron que eso no podía
ser así. En vista de ello me parqueé en 23” –dice refiriéndose a la
céntrica calle habanera, donde está el Ministerio– “y allí empecé a dar
gritos. La gente se aglomeró; mandaron a dos custodios para que me
entraran, pero me resistí. En definitiva, bajaron varios funcionarios.
Entre otros, pude hablar con el Viceministro de Atención Médica”.

“Me enviaron al Hospital Hermanos Ameijeiras. El recibimiento que me
hicieron allí fue magnífico; me acogió el Jefe de Ortopedia y me
ubicaron en una salita especial que tienen. Pero eso fue sólo al
principio. Parece que se enteraron de por qué me habían enviado para
allá y que yo no soy amigo de ningún jefe, y la actitud cambió por
completo: Me trasladaron de sala; volvieron los maltratos. Llamaba y no
me hacían caso. En definitiva, allí tuvieron que operarme para combatir
la infección que había cogido en el Fructuoso Rodríguez”.

“Un buen día me dijeron que me iban a dar el alta. ¿Cómo es eso!,
pregunté. Me negué, y de momento pude evitar que me botaran del
Amejeiras. En definitiva, al cabo de varios meses me dijeron que habían
coordinado para hacerme fisioterapia en el Hospital Julito Díaz. Me
llevaron en una ambulancia y me dejaron allí. Cuando pregunté, resultó
que me habían engañado: no había tal coordinación; nadie sabía de mi
arribo. Tuve que consultarme como si acabara de llegar de mi casa.
¡Claro que cuando me vieron me tuvieron que ingresar!”

“El Julito Díaz es una cárcel. Hay hasta jefes de galera. Son casos
sociales que viven temporadas en el hospital. Allí trataron de
convencerme de que yo estaba perfectamente. Al cabo de meses, en
diciembre, me dieron el alta alegando que venía el fin de año y que no
podían tener tantos pacientes”.

“Vine solo para mi casa. Traté de contactar al Policlínico de 15 y 18,
pero el Director no quiere atenderme ni por teléfono. La médica de la
familia tampoco. Ni siquiera me han autorizado los medicamentos que me
corresponden como enfermo crónico. Llamé a Salud Pública Municipal y el
doctor Alberto fue el único que me atendió.”.

“Él consiguió que hace un par de semanas viniera a valorarme un
especialista llamado Luis, quien me confirmó que me habían puesto
innecesariamente una prótesis sobredimensionada y de pésima calidad.
Como resumen me dijo que yo tengo dos caminos: suplicarle a Dios que me
quite los dolores y hacerme una nueva operación para ponerme una
prótesis doble: en el fémur y en el hueso de la cadera”.

“Tanto el doctor Luis como en Salud Pública me sugirieron que hablara
con el mismo médico que me operó, a lo que me negué de plano. ¡Yo
tendría que estar loco para volver a ponerme en manos de ese señor!
Hablé tres o cuatro veces con la Directora Municipal. Me dijo que ellos
me llamarían, pero no lo han hecho. Ni siquiera el doctor

Alberto me sale al teléfono, y ahora me dicen que salió de vacaciones”.

Eduardo, sin poder evitar un acceso de llanto, me hace el resumen de su
situación: “Estoy desesperado. Esta prótesis está acabando con mi vida;
está destruyendo la cavidad de la cadera. Los dolores son insoportables.
¡Ayúdenme, por favor!”.

Publicado en Cubanet, febrero 19, 2015.

Source: El Infierno de partirse el femur en La Habana – Misceláneas de
Cuba –
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/54eca8f93a682e18d463cd9a#.VO27uPnF9HE

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