Torture in Cuba
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El amor todo lo sufre
No puedo dejar de imaginar como hubiese sido la historia de Cuba de los
últimos 56 años si los niños que un día fueron Fidel y Raúl hubiesen
tenido educadores que los ayudaran a alimentar el ángel que todos
llevamos dentro
viernes, junio 5, 2015 | Maria Victoria Olavarrieta

MIAMI – Le llamaré Álvaro al estudiante de mi historia. Estábamos
estudiando los adverbios de modo. Él no terminó la oración con
el adverbio tiernamente. Intenté explicarle su significado, pero Álvaro
no entendía. Decidí ilustrar mi explicación con estos dos ejemplos:

La actitud con la que tus padres o tus abuelitos te leen un libro de
cuentos es tierna. El abrazo con el que te reciben en casa cuando tú
regresas del colegio es una expresión de ternura, ¿comprendes?

Nunca nadie en mi casa me ha leído un libro de cuentos y a mí no me dan
abrazos, respondió con extrañeza. Álvaro es un niño
muy caballeroso, siempre está pendiente de abrirme la puerta, ayudarme
con los libros, llevarme a mi escritorio las cosas que voy dejando
olvidadas: espejuelos, bolígrafo, la botella de agua.El día del examen
volvió a dejar en blanco la redacción con el adverbio tiernamente.

Irene Cristóbal, tiene en su clase esta frase: “Enseñar es tocar una
vida para siempre”. Leerla una y otra vez, me hacía reparar en la
responsabilidad que tenemos los maestros con cada uno de nuestros
alumnos; automáticamente venía a mi memoria el comentario de un
viejecito sacerdote y profesor de Fidel Castro en el colegio Belén: Ese
muchacho siempre me preocupó mucho.

Cuando escuché esto, me dije: Este mensaje es para mí. A partir de ese
día cada vez que veo en clases a un estudiante abusar de otro de
cualquier manera, mostrar soberbia, orgullo o intolerancia, ahí mismo
empiezo mi labor. Yo les cuento a todos mis alumnos la anécdota del
sacerdote con complejo de culpa y están advertidos que si en el futuro
no se comportan como Dios manda, los voy a ir a buscar a donde estén: la
empresa, el bufete de abogados, La Moncloa, la Casa Blanca o el
Vaticano. ¡Y no pienso pedir cita previa!

La expresión de la cara de Álvaro cuando me dijo que nunca le habían
leído cuentos me dio tanta tristeza que decidí aprovechar cada
oportunidad para ser tierna con él. Yo no podía hacer nada por la
situación familiar, pero tenía que hacer mi parte. Una tarde, en el
patio de la escuela, le dí un abrazo a Álvaro. Una maestra que me
observaba, me advirtió: “Mary, estás en Estados Unidos, aquí no se toca
al alumno. Yo sé que tú estudiaste en Cuba y que diste clases en España,
pero tienes que adaptarte.”

Comprendo que las leyes son necesarias, pero si no usamos el sentido
común las consecuencias pueden ser nefastas. Como maestra tengo que
vencer un contenido en cada clase, pero sacrifico a conciencia la
ortografía y la gramática para aprovechar las situaciones donde pueda
presentarles valores a mis alumnos.

¡Cuántos excelentes profesionales vemos que no saben manejar su ira,
tratar a sus subordinados con respeto o propiciar un ambiente laboral
agradable! De nada nos sirve que la casa responsabilice a la escuela y
la escuela a la casa. He escuchado a los ancianos decir con añoranza que
el lugar que el educador ocupaba en la sociedad ha ido perdiendo fuerza
y no nos tratan con la dignidad de antaño. Reconocidos o no, nuestra
influencia es un hecho y lo mejor que le puede pasar a un estudiante es
que le toque un maestro con vocación. Yo recuerdo los míos como si me
hubieran dado clases ayer.

Hay cosas que no se logran desde la exigencia; un hogar, una escuela, no
debe ser nunca un cuartel militar. Si no le presentamos al niño la
ternura, la flexibilidad y el amor, ¿cómo van a incluirlos en sus
patrones de comportamiento? El niño, más que hacer lo que le exigimos,
imita. Démosle entonces buenos ejemplos y podremos ahorrarnos muchas
órdenes.

No puedo dejar de imaginar, como hubiese sido la historia de Cuba de los
últimos 56 años si los niños que un día fueron Fidel y Raúl hubiesen
tenido educadores que los ayudaran a alimentar el ángel que todos
llevamos dentro y sobre todo, les hubiesen propiciado la ayuda
psicológica que se necesita en casos como éstos. El señor que conoció
al viejecito sacerdote profesor de los Castro contaba que lloraba al
hablar del tema. Se reprochaba mucho por no haber hecho más, sobre todo
por Fidel, que ya desde muy temprano dio muestras de comportamientos
erráticos y heridas profundas.

Cuando un niño me abre su corazón y me dice lo que mucho sufre cuando
discuten sus padres, cuando su papá se pasa la vida en la oficina y no
tiene tiempo de jugar con él, o cuando después que aprendió lo que
afecta el tabaco teme que su papi tenga cáncer de tanto fumar, tengo
que hacer un esfuerzo para seguir funcionando.

Cuando voy a rezar por Fidel y Raúl, pues los cristianos tenemos el
mandato expreso de amar a nuestros enemigos, me los imagino niños y eso
me ayuda a sentir compasión por ellos. Yo no tengo ninguna información
extra sobre su infancia, pero no hay que ser psicólogo para intuir que
tanta crueldad tiene que tener causas muy concretas.

“Mientras más pecador se es, más acceso se tiene a mi misericordia”, son
las palabras de Jesús que Santa Faustina recoge en su diario. El Papa
Francisco está haciendo todo lo que puede por ayudar a los cubanos. Y es
comprensible que en Cuba la gente se ilusione, ¿qué les queda a los que
están dentro sino es vivir de esperanza en esperanza?

Los Castro nos han hecho sufrir demasiado y por demasiado tiempo, pero
ahora tienen una oportunidad única de hacer algo glorioso. Nadie puede
devolverles a sus padres un hijo fusilado, un hijo ahogado, los años de
tortura diaria en las cárceles, un exilio obligado sin ver crecer a tus
nietos, pero una petición pública de perdón sería un acto digno que
el sufriente pueblo cubano y el mundo, se merecen. Arrepentimiento,
perdón y la devolución al pueblo de su isla secuestrada: “libertad para
los presos politicos, elecciones libres, pluripartidismo”, eso claman
los cubanos, que poco a poco vamos reconociendo nuestros derechos, a
pesar que muchos nacimos ya sin ellos.

Mi novio americano después de escuchar día tras día todo lo que hemos
pasado los cubanos me hizo una pregunta ayer que no se me quita de la
cabeza: “Lo que no lo logro entender- me dijo- es ¿Por qué el gobierno
cubano no ha querido nunca que su pueblo sea feliz?” De nosotros se
decía que éramos un pueblo que no sabía odiar. ¡Que se vuelva a decir de
nosotros Dios mío!

Source: El amor todo lo sufre | Cubanet –
http://www.cubanet.org/colaboradores/el-amor-todo-lo-sufre/

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