Torture in Cuba
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La manipulación del pensamiento, modo sutil de represión
Haber sido copartícipes de esta acción, nos permitió conocer de cerca
las crueldades del castrismo
miércoles, noviembre 4, 2015 | Alberto Roteta Dorado

QUITO, Ecuador – Los términos “diversionismo ideológico”, “desviación
ideológica”, “sentido de la autocrítica”, “debilidad de carácter”,
“combatividad”, entre otros tantos, parecen ser cosas de un pasado
remoto, que a modo de curiosidad, se guardan en los archivos del
lenguaje socialista de la Cuba de los setenta y ochenta del pasado
siglo. Sin embargo, dichos términos marcaron la vida de aquellos que
actualmente estamos entre la quinta y sexta décadas de la vida, por
cuanto en nuestra adolescencia y juventud se impuso ese lenguaje que se
importó desde la lejana URSS con sus adaptaciones a lo cubano.

Las convocatorias a reuniones de grupo de los colegios –dichos grupos
fueron llamados “brigadas” para darle mayor connotación popular, heroica
y hasta guerrera, y los colegios pasaron a ser escuelas para barrer con
los “rezagos del pasado” –, traían consigo sendos debates en los que los
jóvenes integrantes debíamos hacernos una autocrítica; proceder
consistente en señalar nuestros errores públicamente y al final agregar
la idea de ser más “combativos”. Luego de esta primera tortura
psicológica, tus propios colegas debían hacerte señalamientos acerca de
tu comportamiento y podían acusarte de diversionismo ideológico, de
debilidad de carácter o exaltarte por tus virtudes de combativo,
revolucionario, crítico y autocrítico, así como por tu cooperación y
participación en todas las “tareas encomendadas por tu colectivo”, con
lo que te garantizaban o no, tu evaluación satisfactoria para seguir
adelante.

Este no es el espacio para hacer definiciones conceptuales de estos
términos. Sé que aquellos que no han pasado por la experiencia de esta
época en la llamada “isla de la libertad” no podrán comprender en su
verdadera esencia este artículo, pero al menos trataré de llegar a
despertar su interés.

A pesar de parecernos cosas del pasado, solo nos separan entre veinte y
treinta años de estos tormentosos tiempos en los que una organización
llamada Unión de Jóvenes Comunistas, de la que aún queda su oscura y
tenebrosa sombra astral –por cuanto ha muerto, como otras organizaciones
similares–, ejercía su acción demoledora contra todo aquello que se
apartara de los cánones establecidos por el socialismo.

De esta forma se impedía que los religiosos cursáramos estudios
superiores. Los que escuchaban música extranjera, principalmente en
inglés y de tipo rock y pop eran sentenciados con amonestaciones
públicas y advertidos de que podían ser expulsados de sus estudios. Por
el hecho de utilizar jeans de determinada marca eras visto como un ente
con diversionismo ideológico. Aún más: desde edades tan tempranas como
los dieciséis o los dieciocho años recibías la amenaza de los agentes de
la Seguridad del Estado, quienes te hacían saber que conocían todo sobre ti.

Esa fue la realidad de aquella etapa. Los que vivimos bajo la constante
amenaza del comunismo sabemos que fue así, aunque sólo expongo algunas
ideas que tal vez marcaron a los de mi generación. Ya para este tiempo
fueron quedando atrás los fusilamientos de los opositores, las
gigantescas reuniones en las plazas públicas ante la convocatoria del
Dr. F. Castro, la euforia popular, las intervenciones para
nacionalizarlo todo, la lucha contra todo lo que les recordara el
pasado, pero se imponían nuevos retos, que más que con el juego
emotivo, tenían que ver con el control de la mente. Se establecía así
una nueva ideología importada del modelo socialista soviético, de ahí el
protagonismo de ciertos aspectos relacionados con las enseñanzas
marxistas y las ideas de Lenin.

El ateísmo era proclamado. La idea asumida por Marx acerca de los
peligros de la religión por ser el opio de los pueblos fue tomada muy en
serio. No volvieron a construirse templos de adoración, cientos de
clérigos y religiosos de varias órdenes fueron expulsados, se adueñaron
de propiedades de la iglesia, la filosofía marxista sustituyó a la
filosofía de las edades, las investigaciones científicas y culturales
tenían que tener un enfoque marxista, las tendencias dentro del arte
seguían las pautas del realismo socialista, en fin, hubo una radical
conversión en breve tiempo. Lo peor de todo es que las masas se dejaron
conducir por esa miserable oleada. El dictador y sus aliados triunfaban
en esta gran batalla de manipulación del pensamiento.

Con la aplicación del “principio del centralismo democrático” se podía
lograr cualquier cosa, desde simples medidas disciplinarias hasta la
expulsión de una universidad. A través de este principio, elaborado
teóricamente por Marx y desarrollado y puesto en marcha por Lenin, la
minoría tiene obligatoriamente que subordinarse a la mayoría, aun cuando
esté en desacuerdo con lo que la mayoría ha determinado. Según los
teóricos, el reconocimiento de la mayoría es una manifestación de
democracia y al mismo tiempo de centralismo en el partido. “Ese
reconocimiento obliga a considerar, también integrantes de la voluntad
de la mayoría a aquellos que quedaron en minoría”. De esta forma,
algunos de forma inescrupulosa ejercen su acción y tratan de obtener la
mayoría, con lo que garantizan cualquier triunfo para ejecutar acciones
que puedan perjudicar a otros. Así se expulsó a unos, se les impidió a
otros y se les amenazó a otros tantos.

Con el tiempo te explican con la mayor ecuanimidad del mundo que se
trata de errores que pueden cometerse en cualquier sistema y sociedad.
No obstante, aquellos que fueron expulsados de sus puestos de trabajo o
de sus estudios universitarios, los que recibimos la amenaza de ser
controlados para el resto de nuestras vidas, los que no pudieron
continuar sus estudios, y en primer lugar, los que perecieron inmersos
en la tristeza y la depresión, no necesitamos explicaciones
superficiales que solo intentan justificar la maldad del sistema
socialista. Ya nada ni nadie nos podrá devolver las ilusiones, la
alegría y los sentimientos de una adolescencia y juventud bajo el yugo
del comunismo. La represión del comunismo de esos tiempos pasará a la
historia, junto a la inquisición de la iglesia, a los estragos del
nacismo alemán y a los embates del socialismo soviético. Los que vivimos
esta etapa y logramos sobrevivir tendremos siempre esa huella, que ha
sido definitoria en nuestras vidas; pero de todo se aprende, y esto fue
también una experiencia. Haber sido copartícipes de esta acción
terrorífica a través del pensamiento nos permitió conocer de cerca las
crueldades de un sistema, que por ley, ha de desaparecer para quedar
sepultado en el olvido.

Source: La manipulación del pensamiento, modo sutil de represión |
Cubanet –
www.cubanet.org/colaboradores/la-manipulacion-del-pensamiento-modo-sutil-de-represion/

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