Torture in Cuba
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Historia mínima y errónea del Moncada
El análisis del asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, como
fuente de una polémica permanente
Arnaldo M. Fernández, Broward | 26/07/2016 1:03 pm

Necesitamos la historia de otra manera a como la necesita
el holgazán mimado en los jardines del saber
Federico Nietzsche, 1874
Por encargo del Colegio de México, el Dr. Rafael Rojas pergeñó su libro
Historia mínima de la revolución cubana (2015), al cual atribuyó “la
suerte de generar polémica” sin advertir el infortunio de sus errores
garrafales. Al filo de la efeméride se examinarán tan solo algunos
relacionados con el Moncada.

Trasiego ilícito de Urrutia
La historia mínima del Dr. Rojas recicla el máximo desliz de Emeterio
Santovenia y Raúl Shelton en Cuba y su historia (1965): que el juez
Manuel Urrutia Lleó (1908-81) “emitió un voto particular” en el juicio
del Moncada.
– Urrutia no actuó en ese juicio [Causa 37/1953], que tuvo como jueces a
Juan Francisco Mejías, Ricardo Díaz y Adolfo Nieto[1].
– Urrutia actuó solo en la fase preparatoria del juicio, luego de que el
juez de instrucción Leoncio Despaigne pasara el caso al Tribunal de
Urgencia en virtud de la connotación política de los hechos[2].
– Urrutia y los demás jueces de la Sala Segunda de Vacaciones se
limitaron a los trámites del expediente de instrucción, como el examen
forense de los cadáveres y el aseguramiento de los acusados[3].
– Urrutia sí emitió un voto particular en otro juicio [Causa 67/1956]
para oponerse a la condena de acusados por la expedición del Granma y
los alzamientos armados de noviembre de 1956 en Oriente[4].

El Dr. Rojas remacha su espléndida confusión con que Urrutia “se opuso a
procesar a los jóvenes capturados durante los sucesos de noviembre de
1956 con el mismo razonamiento que sostuvo en el juicio del Moncada”.
Revisión esclava del oficialismo
Aunque su historia mínima se trompeteó por CNN en Español como “una
revisión más crítica y alejada de los mitos ideológicos”, el Dr. Rojas
arrastra sin talante crítico la carga mitológica de La historia me
absolverá (1954) sobre la tortura de los prisioneros y las conductas del
sargento Eulalio “El Tigre” (sic) González y del general Batista. No
presta mínima atención a la desmitificación rigurosa del Dr. Antonio
Rafael de la Cova en The Moncada Attack (2007).
El Dr. Rojas refiere “un operativo de detención, tortura y ejecución” a
pesar de que ningún signo de tortura fue detectado entre los muertos ni
por los médicos forenses ni por el funerario Manuel Bartolomé, que se
encargó de enterrarlos a todos. Ningún sobreviviente planteó tampoco a
su abogado defensor haber sido torturado. La tortura se tornó superflua
tras confesar de inmediato algunos detenidos y el jefe del cuartel,
Coronel Alberto del Río Chaviano, ordenó ejecutar a quien diera positivo
en la prueba de parafina por haber disparado arma de fuego[5].
El Dr. Rojas incluye al “temible sargento Eulalio González” entre los
militares más conspicuos del operativo, pero “El Mulo” (sic) no tomó
parte en detenciones y ejecuciones. Su misión pos-ataque fue recoger al
jefe del Cuerpo de Ingenieros, mayor Florentino Rosell, en el motel
Rancho Club al efecto de traerlo al cuartel para mejor seguridad[6].
El Dr. Rojas afirma que “las declaraciones del dictador [Batista]
alentaron la masacre” de prisioneros, pero aquellas fueron transmitidas
en vivo por radio y televisión pasadas las 4:30 de la tarde. Antes del
mediodía habían sido ametrallados ya unos 30 detenidos dentro del
Moncada y el jefe de operaciones, mayor Andrés Pérez-Chaumont, andaba ya
en detenciones y ejecuciones fuera del cuartel[7].
Además de atenerse a leyendas negras elaboradas por Castro, el Dr. Rojas
cuela en su operativo al gobernador de Oriente, Waldo Pérez Almaguer,
quien por el contrario renunció al cargo por desacuerdo con la masacre
de prisioneros y denunciaría a Del Río Chaviano como máximo responsable[8].
Incompleta lectura del pasado
El Dr. Rojas pasa por alto hasta el plan de ataque al Moncada, pues
asevera que Fidel Castro ordenó a su lugarteniente, Abel Santamaría,
tomar el Hospital Civil Saturnino Lora “para controlar la atención de
los heridos durante el asalto”, así como “a su hermano, Raúl Castro, que
se apoderara del Palacio de Justicia”.
– La toma del hospital civil obedeció ante todo a su estratégica
ubicación detrás del Moncada. Desde allí se abrió fuego contra la Posta
4 y los soldados que salían al patio trasero del cuartel[9].
– Por igual razón estratégica se ocupó el Palacio de Justicia. Desde su
azotea se dominaba el lado sur del cuartel. Y Fidel no dio la orden
pertinente a Raúl, sino a Léster Rodríguez[10].

El Dr. Rojas narra también que se reclutaron “cerca de 150 hombres”,
aunque los asaltantes sumaron exactamente 160 y fueron escogidos entre
más de mil reclutados[11]. La muestra de errores rafagales podría
ampliarse, pero bastan los señalados para concluir que, al minimizarse
la historia del asalto al Moncada con la pereza historiográfica de un
escolar sencillo, se maximiza la negrura del ojo crítico, al extremo de
que ni siquiera los hechos se ven tal como fueron.

[1] “El juicio por el asalto al Moncada”, Bohemia, 27 de septiembre de 1953.
[2] Al amparo del Decreto-Ley 292 (1934), las salas penales se
constituían como tribunales de urgencia para procesar delitos contra los
poderes del Estado.
[3] La Audiencia de Santiago de Cuba tenía cuatro salas penales. En
julio y agosto recesaban dos y las otras dos continuaban en funciones
como primera y segunda sala de vacaciones. El lunes 27 de julio de 1953,
Urrutia entró por la mañana al cuartel Moncada con los jueces Mario
Vázquez y Evelio Morales, el secretario del tribunal y cuatro médicos
forenses que examinaron los cadáveres. Pasó por el calabozo y listó a 21
presos; tomó declaraciones a testigos y recibió el informe del jefe del
cuartel. Al cabo se noticiaría que los jueces de instrucción “Ratifican
la prisión y excluyen de fianza a sediciosos detenidos” (Prensa
Universal [Santiago de Cuba], 31 de julio de 1953).
[4] Los otros dos jueces, Eduardo Cutié y Alberto Segrera, fallaron
condenar a unos cuantos acusados con penas mínimas.
[5] “Los ojos de Abel: mito e historia”, Cubaencuentro, 25 de julio de 2014.
[6] De la Cova, Antonio R.: The Moncada Attack, The University of South
Caroline Press, 2007, 143, 165. Castro cambió subrepticiamente el apodo
de Mulo a Tigre.
[7] Ibídem, 144, 154, 157.
[8] “Yo vi fusilar a más de 30 revolucionarios”, La Calle, 3 de junio de
1955. Pérez Almaguer subrayó que Del Río Chaviano había ordenado
ejecutar a los detenidos y Batista no tenía responsabilidad alguna.
[9] De la Cova, Antonio R.: Ob. cit., 97 s, 109, 115 s.
[10] El Dr. Rojas se pliega a la guataquería historiográfica que —desde
el periodista Jules Dubois hasta el historiador Hugh Thomas— adjudica la
jefatura del grupo a Raúl Castro. Cf.: Rodríguez, Lester: “La acción del
Palacio de Justicia”, Verde Olivo, 26 de julio de 1964.
[11] No vamos a creerle a Castro, que dice haber reclutado personalmente
a 1.200 hombres, sino al moncadista exiliado Héctor de Armas, quien
estimó que “más de 2.000 gentes” se presentaron a las preparaciones
previas dirigidas —a instancia de Castro— por el veterano del ejército
estadounidense Isaac Santos, alias Harriman.

Source: Historia mínima y errónea del Moncada – Artículos – Opinión –
Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/historia-minima-y-erronea-del-moncada-326116

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